Job 38 1,12-21; 40,3-5 / Sal 138,1-3.7-8.9-10.13-14ab (R.: 24b) / Lc 10,13-16
PRIMERA LECTURA
¿Has mandado a la mañana o has entrado por los hontonares del mar?
Lectura del libro de Job 38 1,12-21; 40,3-5
¿Has mandado en tu vida a la mañana
o has señalado su puesto a la aurora,
para que agarre la tierra por los bordes
y sacuda de ella a los malvados,
para que la transforme como arcilla bajo el sello
y la tiña como la ropa;
para que les niegue la luz a los malvados
y se quiebre el brazo sublevado?
¿Has entrado por los hontanares del mar
o paseado por la hondura del océano?
¿Te han enseñado las puertas de la muerte
o has visto los portales de las sombras?
¿Has examinado la anchura de la tierra?
Cuéntamelo, si lo sabes todo.
¿Por dónde se va a la casa de la luz
y dónde viven las tinieblas?
¿Podrías conducirlas a su país
o enseñarles el camino de casa?
Lo sabrás, pues ya habías nacido entonces
y has cumplido tantísimos años».
Job respondió al Señor:
«Me siento pequeño, ¿qué replicaré?
Me taparé la boca con la mano;
he hablado una vez, y no insistiré,
dos veces, y no añadiré nada.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 138,1-3.7-8.9-10.13-14ab (R.: 24b)
R/. Guíame, Señor, por el camino eterno.
Señor, tú me sondeas y me conoces;
me conoces cuando me siento o me levanto,
de lejos penetras mis pensamientos;
distingues mi camino y mi descanso,
todas mis sendas te son familiares. R/.
¿Adónde iré lejos de tu aliento,
adónde escaparé de tu mirada?
Si escalo el cielo, allí estás tú;
si me acuesto en el abismo, allí te encuentro. R/.
Si vuelo hasta el margen de la aurora,
si emigro hasta el confín del mar,
allí me alcanzará tu izquierda,
me agarrará tu derecha. R/.
Tú has creado mis entrañas,
me has tejido en el seno materno.
Te doy gracias, porque me has escogido portentosamente,
porque son admirables tus obras. R/.
EVANGELIO
Quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.
Lectura del santo evangelio según san Lucas 10,13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús:
—¡Ay de ti, Corozaín; ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, vestidas de sayal y sentadas en la ceniza.
Por eso el juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras.
Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno.
Quien a vosotros os escucha a mí me escucha; quien a vosotros os rechaza a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí rechaza al que me ha enviado.
Palabra del Señor.
«El que los escucha a ustedes, me escucha a Mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a Mí»
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido que me acompañes particularmente en este momento de oración. Ayúdame para que la luz de tu verdad ilumine mi vida.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Tú, Señor, lo sabes todo. Sabes que a pesar de que muchas veces me he alejado del buen camino, anhelo estar siempre contigo. Aquí estoy, Buen Señor, dispuesto una vez más a recibir tu perdón y a poner más de mi parte para vivir según tus enseñanzas.
Lectura Bíblica
«El que los escucha a ustedes, me escucha a mí» Lc 10,13-16
«¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaúm, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».
Lectura espiritual breve
Meditemos en el Evangelio ayudados por estas palabras de San Juan Pablo II.
«San Pablo dice que “la Iglesia es el Cuerpo de Cristo” (1Cor 12,27). Eso significa que ha sido formada según el designio de Cristo como una comunidad de salvación. La Iglesia es obra suya, se construye incesantemente en Cristo, pues Él sigue viviendo y actuando en ella. La Iglesia le pertenece a Él y siempre será suya. Debemos ser hijos fieles de la Iglesia que nosotros mismos formamos. Si con nuestra fe y con nuestra vida decimos “sí” a Cristo, no podemos menos de decirlo también a la Iglesia. Cristo dijo a los Apóstoles y a sus sucesores: “Quien a vosotros os escucha, a Mí me escucha; y quien a vosotros os rechaza, a Mí me rechaza; y quien me rechaza a Mí, rechaza al que me ha enviado” (Lc 10,16). Es verdad que la Iglesia es una realidad también humana, que lleva en sí todos los límites y las imperfecciones de los seres humanos que la componen, seres pecadores y débiles. ¿No fue Cristo mismo quien quiso que nuestra fe en la Iglesia afrontara esta dificultad? Tratemos siempre de aceptar con magnanimidad y con espíritu de confianza lo que la Iglesia nos anuncia y nos enseña. El camino que nos señala Cristo, que vive en su Iglesia, nos lleva al bien, a la verdad, a la vida eterna. En efecto, es Cristo quien habla, quien perdona y quien santifica».
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Qué me dice el Evangelio que he leído?
2. ¿Cómo ilumina mi vida?
3. ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4. ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias, Señor, por tu infinito amor, gracias por renovarme en la conciencia del don inmenso que es ser parte de tu Cuerpo, que es la Iglesia. Ayúdame a estar siempre atento a la voz de aquellos a que son los pastores de tu Pueblo, a recibir con apertura y vivir con generosidad las enseñanzas de tu Iglesia. Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Encomendémonos a nuestra Madre rezando:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando
en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro,
muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de Nuestro Señor Jesucristo. Amén
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.