Job 9,1-12.14-16 / Sal 87,10bc-11.12-13.14-15 (R.: 3a) / Lc 9,57-62
PRIMERA LECTURA
El hombre no es justo frente a Dios.
Lectura del libro de Job 9,1-12.14-16
Respondió Job a sus amigos:
—Sé muy bien que es así:
que el hombre no es justo frente a Dios.
Si Dios se digna pleitear con él,
él no podrá rebatirle de mil razones una.
¿Quién, fuerte o sabio,
le resiste y queda ileso?
Él desplaza las montañas sin que se advierta
y las vuelca con su cólera;
estremece la tierra en sus cimientos,
y sus columnas retiemblan;
manda al sol que no brille
y guarda bajo sello las estrellas;
él solo despliega los cielos
y camina sobre la espalda del mar;
creó la Osa y Orión,
las Pléyades y las Cámaras del Sur;
hace prodigios insondables,
maravillas sin cuento.
Si cruza junto a mí, no puedo verlo,
pasa rozándome, y no lo siento;
si coge una presa, ¿quién se la quitará?;
¿quién le reclamará: “Qué estás haciendo”?
Cuánto menos podré yo replicarle
o escoger argumentos contra él.
Aunque tuviera razón, no recibiría respuesta,
tendría que suplicar a mi adversario;
aunque lo citara y me respondiera,
no creo que me hiciera caso.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 87,10bc-11.12-13.14-15 (R.: 3a)
R/. Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Llegue hasta ti mi súplica, Señor.
Todo el día te estoy invocando,
tendiendo las manos hacia ti.
¿Harás tú maravillas por los muertos?
¿Se alzarán las sombras para darte gracias? R/.
¿Se anuncia en el sepulcro tu misericordia,
o tu fidelidad en el reino de la muerte?
¿Se conocen tus maravillas en la tiniebla,
o tu justicia en el país del olvido? R/.
Pero yo te pido auxilio,
por la mañana irá a tu encuentro mi súplica.
¿Por qué, Señor, me rechazas
y me escondes tu rostro? R/.
EVANGELIO
Te seguiré adonde vayas.
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 9,57-62
En aquel tiempo, mientras iban de camino Jesús y sus discípulos, le dijo uno:
—Te seguiré adonde vayas.
Jesús le respondió:
—Las zorras tienen madriguera, y los pájaros nido, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza.
A otro le dijo:
—Sígueme.
Él respondió:
—Déjame primero ir a enterrar a mi padre.
Le contestó:
—Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios.
Otro le dijo:
—Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de mi familia.
Jesús le contestó:
—El que echa mano al arado y sigue mirando atrás no vale para el reino de Dios.
Palabra del Señor.
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.
Oración Inicial
Un nuevo día, Señor. ¿Cuántas cosas maravillosas ocurren en torno a mí y tal vez no me doy cuenta? ¿Cuántas manifestaciones de tu amor por nosotros? Ayúdame hoy a ser más reverente, a saber atesorar esos signos de tu amor en el corazón, especialmente en lo que me quieras decir en este momento de oración. Envía, Señor, tu Espíritu para que me ilumine y me fortalezca.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día)
Señor, hoy me invitas a ser humilde y a aprender a confiar. Dame fuerzas, Señor, para ablandar la dureza de mi corazón, para que a pesar de mis rebeldías y debilidades, sepa poner toda mi confianza en Ti, como lo hace un niño en su padre amoroso.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
“¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?” (Mt 18,1-5.10).
En aquel momento los discípulos se acercaron a Jesús para preguntarle: “¿Quién es el más grande en el Reino de los Cielos?”. Jesús llamó a un niño, lo puso en medio de ellos y dijo: “Les aseguro que si ustedes no cambian o no se hacen como niños, no entrarán en el Reino de los Cielos. Por lo tanto, el que se haga pequeño como este niño, será el más grande en el Reino de los Cielos. El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí mismo. Cuídense de despreciar a cualquiera de estos pequeños, porque les aseguro que sus ángeles en el cielo están constantemente en presencia de mi Padre celestial.
Lectura Espiritual breve
Lee este texto del Papa Benedicto XVI para profundizar en la Palabra de Jesús:
«Jesucristo ha mostrado siempre su predilección por los más pequeños. El Evangelio mismo está impregnado de la profunda verdad sobre el niño. En efecto, ¿qué quiere decir: «Si no os convertís y os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos» (Mt 18,3)? ¿Acaso no hace Jesús de los niños un modelo también para los adultos? En los niños, hay algo que nunca debe faltar a quien quiere entrar en el reino de los cielos. Se promete el cielo a todos los que son sencillos como los niños, a todos que, como ellos, están llenos de un espíritu de abandono en la confianza, puros y ricos de bondad. Sólo ellos pueden encontrar en Dios a un Padre y llegar a ser, gracias a Jesús, hijos de Dios. Hijos e hijas de nuestros padres, Dios quiere que todos seamos sus hijos adoptivos mediante la gracia».
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate
1. ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2. ¿Cómo ilumina mi vida?
3. ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Jesús, te doy gracias por mostrarme una vez más cómo seguirte. Quiero tener cada vez más un corazón de niño: sencillo, confiado, puro de intenciones, sin dobleces. Te prometo que hoy me voy a esforzar por confiar más en Ti y por vivir según tu ejemplo. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...
Consagración a María
Termina esta oración rezándole a María.
Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.
Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.
¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente.
Amén
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.