1Cor 12,31–13,13 / Sal 32,2-3.4-5.12 y 22 (R.: 12b) / Lc 7,31-35
PRIMERA LECTURA
Quedan la fe, la esperanza, el amor; la más grande es el amor.
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,31–13,13
Ambicionad los carismas mejores. Y aún os voy a mostrar un camino excepcional. Ya podría yo hablar las lenguas de los hombres y de los ángeles; si no tengo amor, no soy más que un metal que resuena o unos platillos que aturden. Ya podría tener el don de profecía y conocer todos los secretos y todo el saber, podría tener fe como para mover montañas; si no tengo amor, no soy nada. Podría repartir en limosnas todo lo que tengo y aun dejarme quemar vivo; si no tengo amor, de nada me sirve. El amor es paciente, afable; no tiene envidia; no presume ni se engríe; no es mal educado ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. El amor no pasa nunca. ¿El don de profecía?, se acabará. ¿El don de lenguas?, enmudecerá. ¿El saber?, se acabará. Porque limitado es nuestro saber y limitada es nuestra profecía; pero, cuando venga lo perfecto, lo limitado se acabará. Cuando yo era niño, hablaba como un niño, sentía como un niño, razonaba como un niño. Cuando me hice un hombre acabé con las cosas de niño. Ahora vemos confusamente en un espejo; entonces veremos cara a cara. Mi conocer es por ahora limitado; entonces podré conocer como Dios me conoce. En una palabra: quedan la fe, la esperanza, el amor: estas tres. La más grande es el amor.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 32,2-3.4-5.12 y 22 (R.: 12b)
R/. Dichoso el pueblo que el Señor se escogió como heredad.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas;
cantadle un cántico nuevo,
acompañando los vítores con bordones. R/.
Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.
EVANGELIO
Tocamos y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis.
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 7,31-35
En aquel tiempo, dijo el Señor:
«¿A quién se parecen los hombres de esta generación? ¿A quién los compararemos? Se parecen a unos niños, sentados en la plaza, que gritan a otros: "Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis."
Vino Juan el Bautista, que ni comía ni bebía, y dijisteis que tenía un demonio; viene el Hijo del hombre, que come y bebe, y decís: "Mirad qué comilón y qué borracho, amigo de publicanos y pecadores." Sin embargo, los discípulos de la sabiduría le han dado la razón.»
Palabra del Señor.
“¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?”
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Jesús, quiero al comenzar mi oración, ponerme ante Ti con un corazón lleno de fe, lleno de confianza en tu presencia. Eres un Amigo fiel que no te cansas de buscarme, que no te cansas de alentarme en mi caminar hacia la santidad; por eso quiero que aceptes esta oración como un compromiso por responderte cada día con mayor fidelidad y alegría.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Señor Jesús, quiero reconocer al comenzar mi oración que necesito de tu perdón, necesito de tu misericordia. Dame Señor tu gracia para que pueda trabajar en mi conversión personal a Ti; que pueda con un corazón renovado caminar con alegría y esperanza por las sendas de tu plan.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
“¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación?” (Lc 7,31-35)
¿Con quién puedo comparar a los hombres de esta generación? ¿A quién se parecen? Se parecen a esos muchachos que están sentados en la plaza y se dicen entre ellos: ‘¡Les tocamos la flauta, y ustedes no bailaron! ¡Entonamos cantos fúnebres, y no lloraron!’. Porque llegó Juan el Bautista, que no come pan ni bebe vino, y ustedes dicen: ‘¡Ha perdido la cabeza!’. Llegó el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: ‘¡Es un glotón y un borracho, amigo de publicanos y pecadores!’. Pero la Sabiduría ha sido reconocida como justa por todos sus hijos”.
Lectura espiritual breve
Meditemos acompañados de las enseñanzas de San Basilio:
Hermanos, no permanezcamos en la despreocupación y la relajación ; no dejemos ligeramente, para mañana o aún para más tarde, para comenzar a hacer lo que debemos. «Ahora es la hora favorable, dice el apóstol Pablo, ahora es el día de la salvación » (2Co 6,2). Actualmente es, para nosotros, el tiempo de la penitencia, más tarde será el de la recompensa; ahora es el tiempo de la perseverancia, un día llegará el de la consolación. Dios viene ahora para ayudar a los que se alejan del mal; más adelante Él será el juez de nuestros actos, de nuestras palabras y de nuestros pensamientos como hombres. Hoy nos aprovechamos de su paciencia; en el día de la resurrección conoceremos sus justos juicios, cuando cada uno reciba lo que corresponda a nuestras obras.
¿Cuándo nos decidiremos a obedecer a Cristo que nos llama a su Reino celeste? ¿Es que no nos purificaremos? ¿Es que no nos decidiremos a abandonar nuestra habitual forma de vivir para seguir, a fondo, el Evangelio?
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2. ¿Cómo ilumina mi vida?
3. ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Jesús?
4. ¿Qué me falta para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Señor porque no dejas de invitarme a la conversión, porque no dejas de ofrecerme todos los medios que necesito para que mi conversión sea posible, sea real. Que tu presencia en mi vida sea cada vez más constante; que pueda rechazar todas las cosas que me alejan de Ti y que no me permiten amar; y que pueda también, con el corazón renovado en tu amor, dar muchos frutos de apostolado. Amén
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Termina esta oración rezándole a María:
Coros celestes cantan y alaban
a nuestra Señora que sube a los cielos.
La vi tan bella como la aurora,
cual sol refulgente en medio del cielo.
¡La vi tan bella! La vi radiante,
reinando en el cielo muy cerca de Dios.
Virgen María, Reina del Cielo,
¡oh llena de gracia, ruega por nosotros!
Que por los siglos, Virgen María,
los pueblos alaben a Cristo, tu Hijo.
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.