Éx 34,29-35 / Sal 98,5.6.7.9 (R.: cf. 9c) / Mt 13,44-46
PRIMERA LECTURA
Al ver la cara de Moisés, no se atrevieron a acercarse a él.
Lectura del libro del Éxodo 34,29-35
Cuando Moisés bajó del monte Sinaí con las dos tablas de la alianza en la mano, no sabía que tenía radiante la piel de la cara, de haber hablado con el Señor. Pero Aarón y todos los israelitas vieron a Moisés con la piel de la cara radiante y no se atrevieron a acercarse a él. Cuando Moisés los llamó, se acercaron Aarón y los jefes de la comunidad, y Moisés les habló. Después se acercaron todos los israelitas, y Moisés les comunicó las órdenes que el Señor le había dado en el monte Sinaí. Y, cuando terminó de hablar con ellos, se echó un velo por la cara. Cuando entraba a la presencia del Señor para hablar con él, se quitaba el velo hasta la salida. Cuando salía, comunicaba a los israelitas lo que le habían mandado. Los israelitas veían la piel de su cara radiante, y Moisés se volvía a echar el velo por la cara, hasta que volvía a hablar con Dios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 98,5.6.7.9 (R.: cf. 9c)
R/. Santo eres, Señor, Dios nuestro.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro,
postraos ante el estrado de sus pies:
Él es santo. R/.
Moisés y Aarón con sus sacerdotes,
Samuel con los que invocan su nombre,
invocaban al Señor,
y él respondía. R/.
Dios les hablaba
desde la columna de nube;
oyeron sus mandatos
y la ley que les dio. R/.
Ensalzad al Señor, Dios nuestro;
postraos ante su monte santo:
Santo es el Señor, nuestro Dios. R/.
EVANGELIO
Vende todo lo que tiene y compra el campo.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,44-46
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra.»
Palabra de Señor.

«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo»
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Jesús, amigo fiel, gracias por este nuevo día de vida que me concedes. Gracias también por este momento de oración en el que, encontrándome contigo, me das la ocasión de alimentarme de tu palabra para hacerla vida en mí.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Padre Bueno, te pido perdón por todas las veces que me he alejado de Ti. Sé que tu amor es siempre más grande que la dureza de mi corazón. Confío en que me amas y en que me perdonas, y tengo puesta mi esperanza en que siempre estás conmigo.
Lectura Bíblica
«El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo» Mt 13,44-46
El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.
Lectura espiritual breve
Medita con este breve texto:
Vivimos en un mundo que constantemente nos invita a complacernos, a buscar solamente nuestra propia comodidad y conveniencia, donde muchas veces el sacrificio y la renuncia no son bien vistos. Hoy el Evangelio nos habla de dos casos muy parecidos: un hombre que encuentra un tesoro en un campo y otro que se topa con una perla fina. Y los dos toman una decisión similar: venden todo lo que tienen para hacerse con el tesoro que han encontrado. Descubrieron que la renuncia iba a significar para ellos una ganancia mayor. Que desprenderse de algunos bienes, los iba a conducir a poseer algo mucho más valioso todavía. Por eso son capaces de dejarlo todo. Hay un segundo detalle importante. El primer hombre —dice el Evangelio— vende todo lleno de alegría. Porque en la vida también tenemos que renunciar a algunas cosas, pero si es por nuestro tesoro, lo hacemos con alegría, no con malas caras. Con gozo, porque ahí donde está tu tesoro, está tu corazón. Porque si nuestro tesoro es Cristo, no hay renuncia que sea grande, porque en el fondo no te estás quedando con las manos vacías, sino más llenas que antes.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
- ¿A qué cosa quizá Dios me pide hace tiempo que renuncie y aún no lo hago?
- ¿Dónde está “mi tesoro”?
Acción de gracias y peticiones personales
Señor Jesús, te agradezco por este momento de oración. Gracias por mostrarme cómo es que, abriendo mi corazón a Ti, encontraré la felicidad plena. Ayúdame Buen Señor a perseverar en mi vida cristiana, conservando siempre el tesoro de la fe y arriesgando, sin temores, mi vida por Ti y por tu Evangelio. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las oraciones
que te dirigimos
en nuestras necesidades,
antes bien
líbranos de todo peligro,
¡oh Virgen gloriosa y bendita!
Amén.
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.