Jon 3,1-10 / Sal 129,1-2.3-4.7bc-8 (R.; 3) / Lc 10,38-42
PRIMERA LECTURA
Los ninivitas se convirtieron de su mala vida, y Dios se compadeció.
Lectura del libro de profeta Jonás 3,1-10
En aquellos días, el Señor volvió a hablar a Jonás y le dijo: «Levántate y vete a Nínive, la gran capital, para anunciar allí el mensaje que te voy a indicar».
Se levantó Jonás y se fue a Nínive, como le había mandado el Señor. Nínive era una ciudad enorme: hacían falta tres días para recorrerla.
Jonás caminó por la ciudad durante un día, pregonando: «Dentro de cuarenta días Nínive será destruida».
Los ninivitas creyeron en Dios: ordenaron un ayuno y se vistieron de sayal, grandes y pequeños. Llegó la noticia al rey de Nínive, que se levantó del trono, se quitó el manto, se vistió de sayal, se sentó sobre ceniza y en nombre suyo y de sus ministros mandó proclamar en Nínive el siguiente decreto: «Que hombres y animales, vacas y ovejas, no prueben bocado, que no pasten ni beban. Que todos se vistan de sayal e invoquen con fervor a Dios, y que cada uno se arrepienta de su mala vida y deje de cometer injusticias. Quizá Dios se arrepienta y nos perdone, aplaque el incendio de su ira y así no moriremos».
Cuando Dios vio sus obras y cómo se convertían de su mala vida, cambió de parecer y no les mandó el castigo que había determinado imponerles.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 129,1-2.3-4.7bc-8 (R.; 3)
R/. Si llevas cuentas de los delitos, Señor, ¿quién podrá resistir?
Desde el lo hondo a ti grito, Señor;
Señor, escucha mi voz;
estén tus oídos atentos
a la voz de mi súplica. R/.
Si llevas cuentas de los doleitos, Señor,
¿quién podrá resistir?
Pero de ti procede el perdón,
y así infundes respeto. R/.
Porque del Señor viene la misericordia,
la redención copiosa;
y él redimirá a Israel
de todos sus delitos. R/.
EVANGELIO
Marta lo recibió en su casa. María ha escogido la mejor parte.
+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas 10,38-42
En aquel tiempo, entró Jesús en una aldea, y una mujer llamada Marta lo recibió en su casa. Esta tenía una hermana llamada María que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra.
Y Marta, se multiplicaba para dar abasto con el servicio; hasta que se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me haya dejado sola con el servicio? Dile que me eche una mano».
Pero el Señor le contestó: «Marta, Marta, andas inquieta y nerviosa con tantas cosas; sólo una es necesaria. María ha escogido la parte mejor y no se la quitarán.»
Palabra del Señor.
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Jesús, reconozco tu presencia en mi vida y te pido que me acompañes particularmente en este momento de oración. Ayúdame a elegir la mejor parte y gozar del encuentro y comunión que me regalas. Que esta oración me permita hacer un alto en el camino para escuchar tu palabra y ponerla por obra.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Tú lo sabes todo, Señor, y sabes que muchas veces me alejo de tu Plan de Amor. Sé, sin embargo, que Tú constantemente me invitas a acercarme de nuevo a tu amor, a tu presencia. Ayúdame, Señor mío, a vivir siempre Contigo y a cumplir aquello que me propones para mi felicidad y santidad.
Lectura Bíblica
“María eligió la mejor parte, que no le será quitada” Lc 10,38-42
Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa. Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra. Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude». Pero el Señor le respondió: «Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria, María eligió la mejor parte, que no le será quitada».
Lectura espiritual breve
Reflexiona con estas palabras del Padre Juan José Paniagua:
Aparecen en este pasaje dos hermanas, Marta y María, y nos expresan dos dimensiones importantes de la vida cristiana: Marta la mujer activa, que hace obras buenas, que se pone al servicio de Dios. Y María, la mujer piadosa, de oración, que se pone a los pies de Jesús para escucharlo. Y frente a ellas Jesús reconoce, que María ha escogido la parte mejor.
Y no es que Jesús no valore la actitud de servicio de Marta, que es muestra de su amor. Lo que le dice es: estás preocupada por muchas cosas, angustiada, estás dispersa en medio de tanta actividad. Haces muchas cosas buenas, pero en la multitud de tus actividades, has perdido de vista entre todas ellas cuál es la más importante y por eso la dejaste de lado. Porque ahí radica la gran sabiduría. Saber qué está bien y qué está mal, eso es muy fácil, lo hace cualquiera. Pero diferenciar entre lo bueno y lo mejor, entre muchas cosas buenas, cuál es la más importante, eso es de sabios.
Cuál de las dos es más necesaria, ¿Marta o María? ¿La oración o la acción? Definitivamente las dos. Tener las manos de Marta y el corazón de María. Necesitamos las dos, sin olvidar cuál es la más importante. Que nuestra acción, siempre esté fundamentada e iluminada por nuestra oración.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Eres una persona de oración como María? ¿Dedicas el tiempo necesario para estar a los pies de Jesús y escuchar su voz?
2. ¿A veces te descubres inquieto y disperso en tu actuar? ¿Qué puedes hacer para que tus obras te acerquen siempre a Dios y no te dispersen?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias, Señor por este momento de oración y de encuentro contigo. Ayúdame a vivir permanentemente en tu presencia. Ayúdame a entender que con mi acción te doy gloria, pero que necesito cuidar aquellos espacios privilegiados de encuentro contigo para poder nutrirme y anunciarte verdaderamente. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.
Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.
¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.