Éx 2,1-15a / Sal 68,3.14.30-31.33-34 (R.: cf. 33) / Mt 11,20-24
PRIMERA LECTURA
Lo llamó Moisés, porque lo había sacado del agua; cuando creció, fue adonde estaban sus hermanos.
Lectura del libro del Éxodo 2,1-15a
En aquellos días, un hombre de la tribu de Leví se casó con una mujer de la misma tribu; ella concibió y dio a luz un niño. Viendo qué hermoso era, lo tuvo escondido tres meses. No pudiendo tenerlo escondido por más tiempo, tomó una cesta de mimbre, la embadurnó de barro y pez, colocó en ella a la criatura, y la depositó entre los juncos, junto a la orilla del Nilo. Una hermana del niño observaba a distancia para ver en qué paraba. La hija del Faraón bajó a bañarse en el Nilo, mientras sus criadas la seguían por la orilla. Al descubrir la cesta entre los juncos, mandó a la criada a recogerla. La abrió, miró dentro, y encontró un niño llorando.
Conmovida, comentó: «Es un niño de los hebreos.»
Entonces, la hermana del niño dijo a la hija del Faraón: «¿Quieres que vaya a buscarle una nodriza hebrea que críe al niño?»
Respondió la hija del Faraón: «Anda.»
La muchacha fue y llamó a la madre del niño.
La hija del Faraón le dijo: «Llévate al niño y críamelo, y yo te pagaré.»
La mujer tomó al niño y lo crió.
Cuando creció el muchacho, se lo llevó a la hija del Faraón, que lo adoptó como hijo y lo llamó Moisés, diciendo: «Lo he sacado del agua.»
Pasaron los años, Moisés creció, fue adonde estaban sus hermanos, y los encontró transportando cargas. Y vio cómo un egipcio maltrataba a un hebreo, uno de sus hermanos. Miró a un lado y a otro, y, viendo que no había nadie, mató al egipcio y lo enterró en la arena.
Al día siguiente, salió y encontró a dos hebreos riñendo, y dijo al culpable: «¿Por qué golpeas a tu compañero?»
Él le contestó: «¿Quién te ha nombrado jefe y juez nuestro? ¿Es que pretendes matarme como mataste al egipcio?»
Moisés se asustó pensando: «La cosa se ha sabido.» Cuando el Faraón se enteró del hecho, buscó a Moisés para darle muerte; pero Moisés huyó del Faraón y se refugió en el país de Madián.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 68,3.14.30-31.33-34 (R.: cf. 33)
R/. Humildes, buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente. R/.
Pero mi oración se dirige a ti, Dios mío,
el día de tu favor;
que me escuche tu gran bondad,
que tu fidelidad me ayude. R/.
Yo soy un pobre malherido;
Dios mío, tu salvación me levante.
Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias. R/.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.
EVANGELIO
El día del juicio le será más llevadero a Tiro y Sidón y a Sodoma que a vosotras.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 11,20-24
En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho casi todos sus milagros, porque no se habían convertido: «¡Ay de ti, Corozaín, ay de ti, Betsaida! Si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros que en vosotras, hace tiempo que se habrían convertido, cubiertas de sayal y ceniza. Os digo que el día del juicio les será más llevadero a Tiro y a Sidón que a vosotras. Y tú, Cafarnaún, ¿piensas escalar el cielo? Bajarás al infierno. Porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy. Os digo que el día del juicio le será más llevadero a Sodoma que a ti.»
Palabra de Dios.
«Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú»
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Bueno, quiero ponerme en tu presencia. Te pido que me ayudes a encontrar silencio en mi interior, porque muchas veces el ruido de la vida no me deja escucharte. Haz Señor, que mis oídos se abran a tu palabra para que, oyendo tu voz, pueda seguirte siempre por el camino de la verdad.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Tú dijiste, Señor, que hay en el Cielo más alegría por un pecador que se convierte, que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión. Hoy con humildad quiero reconocer frente a Ti que soy un pecador, y que necesito de tu misericordia. Sé que tu perdón me sana, me reconcilia y me eleva a una vida de amistad cada vez más grande contigo. Ayúdame a dejar de lado todo aquello que me aparta de Ti.
Lectura Bíblica
«Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú» Mt 11,20-24
Entonces Jesús comenzó a recriminar a aquellas ciudades donde había realizado más milagros, porque no se habían convertido. «¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si los milagros realizados entre ustedes se hubieran hecho en Tiro y en Sidón, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y cubriéndose con ceniza. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, Tiro y Sidón serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno. Porque si los milagros realizados en ti se hubieran hecho en Sodoma, esa ciudad aún existiría. Yo les aseguro que, en el día del Juicio, la tierra de Sodoma será tratada menos rigurosamente que tú».
Lectura espiritual breve
Lee esta breve reflexión que te ayudará a profundizar en el sentido del Evangelio:
Jesús menciona estas 3 ciudades —Betsaida, Corozaín y Cafarnaúm— que debían haber creído en Él, por todos los milagros y prodigios que realizó en ellas. Pero a pesar de todo no creen de verdad en Jesús. Es importante recordar hoy a otra ciudad, una que a pesar de haber sido muy pagana y pecadora, es elogiada en el Antiguo Testamento. Se trata de Nínive, y es elogiada porque acogió la predicación del profeta Jonás y se convirtió. Y es que lo importante no son nuestras faltas y pecados, ellos no tienen la última palabra. Porque lo que Dios mira es el corazón, el deseo auténtico de conversión que hay en el interior de cada uno. Porque el Señor no se queda en la fachada, lo que Él quiere es un corazón convertido, humilde, arrepentido.
¿Qué tan convertidos estamos nosotros? Porque quizá podríamos identificarnos con Betsaida, Corozaín o Cafarnaúm. ¡Cuántos milagros Dios ha hecho en nuestras vidas! ¡Cuántas veces se ha manifestado presente! ¡Cuánto amor nos ha tenido! Quizá nos creemos buenos y pensamos que la conversión es para otros y no para nosotros. Cuidémonos de la tentación de compararnos con los demás. A veces nos comparamos con otros, que a nuestro juicio son más pecadores que nosotros y nos creemos buenos. Ese no es el criterio de Dios. Evaluémonos a nosotros mismos en el amor, según cuánto estamos amando.
P. Juan José Paniagua
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Yo también me descubro necesitado de la misericordia de Dios? ¿Me descubro cada día necesitado de una mayor conversión?
2. ¿Me comparo con los demás, estableciendo jerarquías que me terminan llevando a creerme superior o también inferior a los demás?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Jesús por el inmenso amor que me tienes y por todas las bendiciones que constantemente me concedes. Gracias Jesús porque este momento de oración en tu presencia ha sido un verdadero regalo. No permitas que me acostumbre a tus bondades, teniendo siempre un corazón agradecido, para que nunca me canse de maravillarme por la grandeza de tus obras. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
Acuérdate,
¡oh piadosísima, Virgen María!,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de los que
han acudido a tu protección,
implorando tu auxilio
haya sido abandonado de Ti.
Animado con esta confianza,
a Ti también yo acudo,
y me atrevo a implorarte
a pesar del peso de mis pecados.
¡Oh Madre del Verbo!,
no desatiendas mis súplicas,
antes bien acógelas benignamente. Amén
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.