Tito 1,1-9 / Sal 23,1-2.3-4ab.5-6 (R.: cf. 6) / Lc 17,1-6
PRIMERA LECTURA
Establece presbíteros, siguiendo las instrucciones que te di.
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a Tito 1,1-9
Pablo, siervo de Dios y apóstol de Jesucristo, para promover la fe de los elegidos de Dios, y el conocimiento de la verdad, según la piedad apoyada en la esperanza de la vida eterna. Dios, que no miente, había prometido esa vida desde tiempos inmemoriales; al llegar el momento, la ha manifestado abiertamente con la predicación que se me ha confiado, según lo dispuso Dios, nuestro salvador. Querido Tito, verdadero hijo mío en la fe que compartimos; te deseo la gracia y la paz de Dios Padre y de Cristo Jesús, salvador nuestro. Mi intención al dejarte en Creta era que pusieras en regla lo que faltaba y establecieses presbíteros en cada ciudad, siguiendo las instrucciones que te di. El candidato, que sea un hombre sin tacha, fiel a su única mujer, con hijos creyentes, que no sean indóciles ni acusados de mala conducta. Porque el obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable, no arrogante ni colérico, no dado al vino ni pendenciero, ni tampoco ávido de ganancias. Al contrario, ha de ser hospitalario, amigo de lo bueno, prudente, justo, fiel, dueño de sí. Debe mostrar adhesión a la doctrina cierta, para ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 23,1-2.3-4ab.5-6 (R.: cf. 6)
R/. Éste es el grupo que viene a tu presencia, Señor
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.
Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.
EVANGELIO
Si siete veces en un día vuelve a decirte: «Lo siento», lo perdonarás.
+ Lectura del santo evangelio según san Lucas 17,1-6
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: «Es inevitable que sucedan escándalos; pero ¡ay del que los provoca! Al que escandaliza a uno de estos pequeños, más le valdría que le encajaran en el cuello una piedra de molino y lo arrojasen al mar. Tened cuidado. Si tu hermano te ofende, repréndelo; si se arrepiente, perdónalo; si te ofende siete veces en un día, y siete veces vuelve a decirte: "Lo siento", lo perdonarás.»
Los apóstoles le pidieron al Señor: «Auméntanos la fe.»
El Señor contestó: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: "Arráncate de raíz y plántate en el mar." Y os obedecería.»
Palabra del Señor.
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.
Oración inicial
Señor Bueno, Tú que movido por el infinito amor a los hombres te hiciste uno entre nosotros para reconciliarnos, te pido me concedas el don de tu presencia. Buen amigo, ayúdame a reconocer esa presencia y a estar atento a lo que me quieres decir en esta oración, para que pueda así responder al don de tu amor con mi propia entrega.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Señor, Tú me has amado siempre, y yo tantas veces rechazo ese amor con mi pecado. Me arrepiento con sincero corazón y ruego tu misericordia. Por eso, consciente que tu amor es siempre más grande que mi pecado, y que su brillo se manifiesta de manera especial en tu perdón, me acojo a tu gracia para alcanzar con mi colaboración la conversión de mi corazón.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
“Auméntanos la fe” (Lc 17,1-6).
Les dijo a sus discípulos: -Es imposible que no vengan los escándalos; pero, ¡ay de aquel por quien vienen! Más le valdría que le ajustaran al cuello una piedra de molino y que le arrojaran al mar, que escandalizar a uno de esos pequeños: andaos con cuidado. “Si tu hermano peca, repréndele; y, si se arrepiente, perdónale. Y si peca siete veces al día contra ti, y siete veces vuelve a ti, diciendo: “Me arrepiento”, le perdonarás. Los apóstoles le dijeron al Señor: -Auméntanos la fe. Respondió el Señor: -Si tuvierais fe como un grano de mostaza, diríais a esta morera: arráncate y plántate en el mar, y os obedecería.
Lectura espiritual breve
Leamos estas palabras del Papa Francisco:
Y, ¿qué nos responde el Señor? Responde: «Si tuvierais fe como un granito de mostaza, diríais a esa morera: “Arráncate de raíz y plántate en el mar”, y os obedecería». La semilla de la mostaza es pequeñísima, pero Jesús dice que basta tener una fe así, pequeña, pero auténtica, sincera, para hacer cosas humanamente imposibles, impensables. ¡Y es verdad! Todos conocemos a personas sencillas, humildes, pero con una fe muy firme, que de verdad mueven montañas. Pensemos, por ejemplo, en algunas mamás y papás que afrontan situaciones muy difíciles; o en algunos enfermos, incluso gravísimos, que transmiten serenidad a quien va a visitarles. Estas personas, precisamente por su fe, no presumen de lo que hacen, es más, como pide Jesús en el Evangelio, dicen: «Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17,10). Cuánta gente entre nosotros tiene esta fe fuerte, humilde, que hace tanto bien.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Cómo estoy viviendo la corrección fraterna en mi vida?
2. ¿Cuándo alguien me corrige lo recibo con humildad, procuro arrepentirme y enmendarme?
Acción de gracias y peticiones personales
Te doy gracias, Buen Jesús, porque me amas con un amor cercano y me hablas en tu Evangelio. Por medio de él, me invitas a acrecentar mi fe, a descubrir que es un don que debo pedirte, así como tus apóstoles lo hicieron. Mi corazón anhela responderte y se descubre muchas veces insuficiente para realizar esa respuesta. Señor Jesús, conozco mis fragilidades y limitaciones, conozco también las dificultades de un mundo que rechaza la idea de la entrega generosa para vivir el noble ideal de la vida cristiana; por eso te pido me ayudes: Señor mío, acrecienta mi fe. Concédeme la gracia para ser coherente, y así pueda yo testimoniar nuestra amistad al mundo entero. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Termina esta oración rezándole a María:
¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti,
y en prueba de mi filial afecto,
te consagro en este día
mis ojos, mis oídos, mi lengua y mi corazón,
en una palabra, todo mi ser,
ya que soy todo tuyo,
¡oh Madre de bondad!,
guárdame y protégeme como hijo tuyo. Amén.
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.