Núm 11,4b-15 / Sal 80,12-13.14-15.16-17 (R.: 2a) / Mt 14,13-21
PRIMERA LECTURA
Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo.
Lectura del libro de los Números 11,4b-15
En aquellos días, los israelitas dijeron: «¡Quién pudiera comer carne! Cómo nos acordamos del pescado que comíamos gratis en Egipto, y de los pepinos y melones y puerros y cebollas y ajos. Pero ahora se nos quita el apetito de no ver más que maná.»
El maná se parecía a semilla de coriandro con color de bedelio; el pueblo se dispersaba a recogerlo, lo molían en el molino o lo machacaban en el almirez, lo cocían en la olla y hacían con ello hogazas que sabían a pan de aceite. Por la noche caía el rocío en el campamento y, encima de él, el maná.
Moisés oyó cómo el pueblo, familia por familia, lloraba, cada uno a la entrada de su tienda, provocando la ira del Señor; y disgustado, dijo al Señor: «¿Por qué tratas mal a tu siervo y no le concedes tu favor, sino que le haces cargar con todo este pueblo? ¿He concebido yo a todo este pueblo o lo he dado a luz, para que me digas: "Coge en brazos a este pueblo, como una nodriza a la criatura, y llévalo a la tierra que prometí a sus padres"? ¿De dónde sacaré pan para repartirlo a todo el pueblo? Vienen a mí llorando: "Danos de comer carne." Yo solo no puedo cargar con todo este pueblo, pues supera mis fuerzas. Si me vas a tratar así, más vale que me hagas morir; concédeme este favor, y no tendré que pasar tales penas.»
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 80,12-13.14-15.16-17 (R.: 2a)
R/. Aclamad a Dios, nuestra fuerza.
Mi pueblo no escuchó mi voz,
Israel no quiso obedecer:
los entregué a su corazón obstinado,
para que anduviesen según sus antojos. R/.
¡Ojalá me escuchase mi pueblo
y caminase Israel por mi camino!
En un momento humillaría a sus enemigos
y volvería mi mano contra sus adversarios. R/.
Los que aborrecen al Señor te adularían,
y su suerte quedaría fijada;
te alimentaría con flor de harina,
te saciaría con miel silvestre. R/.
EVANGELIO
Alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición y dio los panes a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 14,13-21
En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan, el Bautista, se marchó de allí en barca, a un sitio tranquilo y apartado. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Al desembarcar, vio Jesús el gentío, le dio lástima y curó a los enfermos.
Como se hizo tarde, se acercaron los discípulos a decirle: «Estamos en despoblado y es muy tarde, despide a la multitud para que vayan a las aldeas y se compren de comer.»
Jesús les replicó: «No hace falta que vayan, dadles vosotros de comer.»
Ellos le replicaron: «Si aquí no tenemos más que cinco panes y dos peces.»
Les dijo: «Traédmelos.»
Mandó a la gente que se recostara en la hierba y, tomando los cinco panes y los dos peces, alzó la mirada al cielo, pronunció la bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos; los discípulos se los dieron a la gente. Comieron todos hasta quedar satisfechos y recogieron doce cestos llenos de sobras. Comieron unos cinco mil hombres, sin contar mujeres y niños.
Palabra de Señor.

«Denles de comer ustedes mismos»
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor, me pongo en tu presencia para meditar en este día en tu palabra. Te pido que me concedas tu gracia para llegar a comprenderla y acogerla en mi corazón, y así poder hacerla fructificar en mi vida.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Te pido perdón Señor por tantas veces que soy indiferente ante el sufrimiento de mis hermanos y hermanas. Ayúdame Buen Jesús a aprender de Ti a vivir la reverencia en las pequeñas cosas, a entregarme y velar por las necesidades de los demás viviendo el mandamiento del amor a plenitud.
Lectura Bíblica
«Denles de comer ustedes mismos» Mt 14,13-21
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos. Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: «Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos». Pero Jesús les dijo: «No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos». Ellos respondieron: «Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados». «Tráiganmelos aquí», les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud. Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
Lectura espiritual breve
Reflexiona con esta lectura:
Hoy los apóstoles se encuentran frente a un problema: tienen a una multitud hambrienta y tienen que resolver la dificultad. Y entonces hacen lo que humanamente saben hacer, se ponen a contar ¡y lo hacen muy bien! Contaron que sólo habían 5 panes y 2 pescados, pero por otro lado contaron también que tenían que alimentar a una multitud de más de cinco mil personas. Si divides los panes y peces que tenían, entre la cantidad de gente que había, te da como resultado casi un rotundo cero. Y estos apóstoles, con un poco de realismo prudente, le dicen a Jesús: Señor no nos alcanza, mejor mándalos a sus casas.
Sin embargo parece que a sus cuentas le faltó un detalle muy importante. Contaron muchos números, panes, peces y personas, pero se olvidaron de contar a Cristo. Él es Dios y es al primero que hay que contar. Porque si lo sacamos de la ecuación, pareciera que no hay salida, los entuertos no se resuelven. Cuando nos olvidamos de Dios y queremos confiar sólo en nuestras fuerzas todo se complica.
No nos olvidemos, sobre todo en las dificultades, cuando las cuentas no nos cuadran, cuando parece que todo fracasa, de contar a Cristo. Con el Señor al lado podemos tener esperanza, los sufrimientos se llevan con paciencia, tenemos la fuerza de la gracia de Dios para seguir adelante. Con Él sí nos alcanza, cuando contamos a Cristo viene la abundancia. A veces no tan rápido, hay que saber esperar, pero el Señor nunca nos deja con las manos vacías
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
- ¿El Señor Jesús está realmente presente en mi vida, en medio de mis alegría y dificultades?
- ¿Qué puedo hacer, especialmente en situaciones adversas, para confiar más en Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Muchas gracias Señor por este momento en que me recuerdas el inmenso don de la Eucaristía. Este alimento, que es regalo para mi vida, estoy invitado a compartirlo a los hermanos que no te conocen. Ayúdame Señor a acoger tu invitación. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
¡Oh Señora mía, oh Madre mía!,
yo me entrego del todo a Ti
y en prueba de mi afecto,
con amor filial te consagro en este día
todo lo que soy,
todo lo que tengo.Guarda y protege,
y también defiende a este hijo tuyo,
que así sea. Amén.
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.