Lecturas del día
Jue 11,29-39a / Sal 39,5.7-8a.8b-9.10 8 (R.: cf. 8a y 9a) / Mt 22,1-14
PRIMERA LECTURA
Os daré un corazón nuevo y os infundiré mi espíritu.
Lectura del libro de los Jueces 11,29-39a
En aquellos días, el espíritu del Señor vino sobre Jefté, que atravesó Galaad y Manasés, pasó a Atalaya de Galaad, de allí marchó contra los amonitas, e hizo un voto al Señor: «Si entregas a los amonitas en mi poder, el primero que salga a recibirme a la puerta de mi casa, cuando vuelva victorioso de la campaña contra los amonitas, será para el Señor, y lo ofreceré en holocausto.»
Luego marchó a la guerra contra los amonitas. El Señor se los entregó; los derrotó desde Aroer hasta la entrada de Minit (veinte pueblos) y hasta Pradoviñas. Fue una gran derrota, y los amonitas quedaron sujetos a Israel. Jefté volvió a su casa de Atalaya. Y fue precisamente su hija quien salió a recibirlo, con panderos y danzas; su hija única, pues Jefté no tenía más hijos o hijas.
En cuanto la vio, se rasgó la túnica, gritando: «¡Ay, hija mía, qué desdichado soy! Tú eres mi desdicha, porque hice una promesa al Señor y no puedo volverme atrás.»
Ella le dijo: «Padre, si hiciste una promesa al Señor, cumple lo que prometiste, ya que el Señor te ha permitido vengarte de tus enemigos.»
Y le pidió a su padre: «Dame este permiso: déjame andar dos meses por los montes, llorando con mis amigas, porque quedaré virgen.»
Su padre le dijo: «Vete.»
Y la dejó marchar dos meses, y anduvo con sus amigas por los montes, llorando porque iba a quedar virgen. Acabado el plazo de los dos meses, volvió a casa, y su padre cumplió con ella el voto que había hecho.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Sal 39,5.7-8a.8b-9.10 8 (R.: cf. 8a y 9a)
R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Dichoso el hombre que ha puesto
su confianza en el Señor,
y no acude a los idólatras,
que se extravían con engaños. R/.
Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: «Aquí estoy.» R/.
–Como está escrito en mi libro–
«para hacer tu voluntad».
Dios mío, lo quiero,
y llevo tu ley en las entrañas. R/.
He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.
EVANGELIO
A todos los que encontréis, convidadlos a la boda.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 22,1-14
En aquel tiempo, de nuevo tomó Jesús la palabra y habló en parábolas a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: «El reino de los cielos se parece a un rey que celebraba la boda de su hijo. Mandó criados para que avisaran a los convidados a la boda, pero no quisieron ir. Volvió a mandar criados, encargándoles que les dijeran: "Tengo preparado el banquete, he matado terneros y reses cebadas, y todo está a punto. Venid a la boda." Los convidados no hicieron caso; uno se marchó a sus tierras, otro a sus negocios; los demás les echaron mano a los criados y los maltrataron hasta matarlos. El rey montó en cólera, envió sus tropas, que acabaron con aquellos asesinos y prendieron fuego a la ciudad. Luego dijo a sus criados: "La boda está preparada, pero los convidados no se la merecían. Id ahora a los cruces de los caminos, y a todos los que encontréis, convidadlos a la boda." Los criados salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, malos y buenos. La sala del banquete se llenó de comensales. Cuando el rey entró a saludar a los comensales, reparó en uno que no llevaba traje de fiesta y le dijo: "Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?" El otro no abrió la boca. Entonces el rey dijo a los camareros: "Atadlo de pies y manos y arrojadlo fuera, a las tinieblas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes." Porque muchos son los llamados y pocos los escogidos.»
Palabra del Señor.

¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.
Oración inicial
Señor Jesús, te doy gracias por este regalo de poder escucharte por medio de tu palabra. Te pido que me ayudes a tener el silencio suficiente para acoger la profundidad de tus enseñanzas, aprendiendo a no quedarme en cumplimientos externos de la Ley sino aprendiendo a vivir el amor como Tú mismo lo has vivido.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Perdóname Señor porque muchas veces creo que soy bueno porque me conformo con ser un “cristiano de domingo”. Ayúdame a vivir en la verdad de quién soy y de lo que Tú me pides vivir realmente. Me acojo a tu amor y a tu misericordia confiando en que sabrás cómo convertir mi corazón de piedra en un corazón de carne.
Lectura Bíblica
«Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel» Jn 1, 45-51
Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret». Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe. Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez». «¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera». Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía». Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre».
Lectura espiritual breve
Leamos con atención estas palabras:
Hoy celebramos la fiesta del apóstol Bartolomé, o Natanael, como también se lo llamaba en este Evangelio. Este pasaje del Evangelio nos muestra cuál es la actitud fundamental del apóstol: anunciar a Cristo en todo momento. Eso fue lo que hizo Andrés después de su gran encuentro con Jesús, fue a contárselo a su hermano Pedro. Y es también lo que hace Felipe, después de encontrarse con el Señor, va a contárselo a su amigo Natanael. Y es que el encuentro con Jesús es algo irresistible, es lo que tanto ha estado buscando nuestro corazón.
Es interesante la manera cómo Felipe le presenta a Natanael el seguimiento del Señor. Le dice: “ven y lo verás”. Entendió que el anuncio de Jesucristo no está centrado en las genialidades que se le puedan ocurrir, o en lo maravilloso de su oratoria, o en sus capacidades de convencimiento. Está en llevar a los demás a los pies del Señor, porque es Jesús quien cambia y transforma los corazones. Pero también es fundamental poner de nuestra parte. Si bien Dios es quien cautiva, ha querido valerse de nuestra humilde cooperación. Felipe no se rinde ante la primera negativa de Natanael que le pregunta: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?”. Persevera, porque está seguro que ha encontrado un tesoro. Uno de los peores enemigos del apostolado es estar buscando la oportunidad perfecta, la disposición ideal del otro, el sentirse completamente preparado para lanzarse a hacer apostolado. Aprendamos de la generosidad de estos santos apóstoles y también compartamos con los demás nuestro tesoro, que es habernos encontrado con Cristo.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Considero que en mi vida diaria doy espacio para el apostolado directo? ¿El anuncio directo del Señor Jesús?
2. ¿Pongo a veces algunas excusas para no hacerlo? ¿Qué apostolado Dios me está pidiendo que haga?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias Buen Jesús por esta oración. Ayúdame a vivir realmente la vida cristiana como Tú me lo pides. Ayúdame a no juzgar a mis hermanos y a no conformarme con la mediocridad de cumplimientos externos. Dame la conciencia de que la vida es lucha y que la meta es configurarme contigo. Amén.
Si quieres, puedes pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria…
Consagración a María
Pidámosle a María que nos acompañe siempre:
Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra.
Dios te salve.
A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva,
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora Abogada Nuestra,
vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos,
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
Oh, clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro Señor Jesucristo.
Amén
+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.