Éx 19,1-2.9-11.16-20b / Dn 3,52.53.54.55.56 / Mt 13,10-17
PRIMERA LECTURA
El Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo.
Lectura del libro del Éxodo 19,1-2.9-11.16-20b
Aquel día, a los tres meses de salir de Egipto, los israelitas llegaron al desierto de Sinaí: saliendo de Rafidín, llegaron al desierto de Sinaí y acamparon allí, frente al monte.
El Señor dijo a Moisés: «Voy a acercarme a ti en una nube espesa, para que el pueblo pueda escuchar lo que te digo, y te crea en adelante.»
Moisés comunicó al Señor lo que el pueblo había dicho. Y el Señor le dijo: «Vuelve a tu pueblo, purifícalos hoy y mañana, que se laven la ropa y estén preparados para pasado mañana; pues el Señor bajará al monte Sinaí a la vista del pueblo.»
Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar. Moisés hizo salir al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios y se detuvieron al pie del monte. Todo el Sinaí humeaba, porque el Señor había descendido sobre él en forma de fuego. Subía humo como de un horno, y todo el monte retemblaba con violencia. El sonar de la trompeta se hacía cada vez más fuerte; Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno. El Señor bajó al monte Sinaí, a la cumbre del monte, y llamó a Moisés a la cima de la montaña.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
Dn 3,52.53.54.55.56
R/. A ti gloria y alabanza por los siglos.
Bendito eres, Señor, Dios de nuestros padres,
bendito tu nombre, santo y glorioso. R/.
Bendito eres en el templo de tu santa gloria. R/.
Bendito eres sobre el trono de tu reino. R/.
Bendito eres tú, que sentado sobre querubines sondeas los abismos. R/.
Bendito eres en la bóveda del cielo. R/.
EVANGELIO
A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no.
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo 13,10-17
En aquel tiempo, se acercaron a Jesús los discípulos y le preguntaron: «¿Por qué les hablas en parábolas?»
Él les contestó: «A vosotros se os ha concedido conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender. Así se cumplirá en ellos la profecía de Isaías: "Oiréis con los oídos sin entender; miraréis con los ojos sin ver; porque está embotado el corazón de este pueblo, son duros de oído, han cerrado los ojos; para no ver con los ojos, ni oír con los oídos, ni entender con el corazón, ni convertirse para que yo los cure." ¡Dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque oyen! Os aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis vosotros y no lo vieron, y oír lo que oís y no lo oyeron.»
Palabra de Dios.
“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos”
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.
Oración Inicial
Señor Jesús, en este momento de oración quiero poner por entero mi confianza en Ti. Sé que me conoces hasta lo más profundo y me entiendes, por eso puedo acercarme confiadamente. Ayúdame a hacer silencio en mi interior para escuchar tu voz y acogerla en mi corazón.
Acto penitencial
Hago en silencio un breve examen de conciencia de mi último día.
Señor, soy consciente que muchas veces opto por alejarme de Ti, que muchas veces las ocupaciones que tengo en mi vida me distraen de lo más importante que eres Tú. Y algunas veces también siento que mis pecados son como una carga pesada que tengo que llevar. Ayúdame a confiar más en Ti, sé que si sigo tus pasos, todo se hace llevadero, sé que tu amor y tu misericordia hacen mi cruz más llevadera.
Lectura Bíblica según el Evangelio del día
“A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos” Mt 13,10-17
Los discípulos se acercaron y le dijeron: “¿Por qué les hablas por medio de parábolas?”. El les respondió: “A ustedes se les ha concedido conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no. Porque a quien tiene, se le dará más todavía y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Por eso les hablo por medio de parábolas: porque miran y no ven, oyen y no escuchan ni entienden. Y así se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dice: Por más que oigan, no comprenderán, por más que vean, no conocerán, Porque el corazón de este pueblo se ha endurecido, tienen tapados sus oídos y han cerrado sus ojos, para que sus ojos no vean, y sus oídos no oigan, y su corazón no comprenda, y no se conviertan, y yo no los cure. Felices, en cambio, los ojos de ustedes, porque ven; felices sus oídos, porque oyen. Les aseguro que muchos profetas y justos desearon ver lo que ustedes ven y no lo vieron; oír lo que ustedes oyen, y no lo oyeron.
Lectura Espiritual breve
Lee este texto que te ayudará a profundizar el sentido del Evangelio
Las parábolas Jesús las contaba justamente para hacer más comprensible su mensaje. Pero hoy nos dice el Evangelio que unos las entendían, pero otros no. ¿Por qué ocurre esto? El mismo Jesús nos da la respuesta: “se ha embotado su corazón… se han hecho duros sus oídos y sus ojos se han cerrado”. El mayor obstáculo para escuchar a Dios somos nosotros mismos. Embotar significa insensibilizar, anestesiar. Lo que debería dolerles, ya no lo sienten, lo que debería alegrarles, ya no los mueve. Se han endurecido por su contumacia, por su terquedad, por su indiferencia frente a las llamadas de Dios y hoy los ojos ya no ven, los oídos ya no oyen, el corazón ya no siente y la mente ya no entiende.
Busquemos constantemente al Señor, aprendamos a escucharlo, para que nuestros sentidos siempre estén abiertos a Dios, sensibles a lo que el Señor nos quiera decir. Para que no seamos de los que llevamos el nombre de Cristo, pero no somos sus amigos. Ni de los que hablamos demasiado de Dios, pero hablamos muy poco con Él. Ni de los que decimos muchas cosas, pero escuchamos poco al Señor. Que ningún día dejemos nuestro espacio de oración personal, de encuentro con Dios. Para que nuestro corazón se eduque cada vez más a escuchar y reconocer cuando es Dios quien nos habla. Y que podamos decir como María, Sí Señor, que se haga en mí según tu Palabra.
Breve meditación personal
Haz silencio en tu interior y pregúntate:
1. ¿Qué me dice el evangelio que he leído?
2. ¿Cómo ilumina mi vida?
3. ¿Qué tengo que cambiar para ser más como Él?
Acción de gracias y peticiones personales
Gracias buen Jesús porque me acompañas siempre en mi caminar, gracias por tu presencia de amigo en esta oración. Ayúdame a tener un corazón humilde como el tuyo, que el ruido de la vida no me aparte de Ti. Amén.
Si quieres, puedes hacer pedirle al Señor por tus intenciones.
Reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria...
Consagración a María
Termina esta oración rezándole a María.
Madre del Redentor, Virgen fecunda
puerta del Cielo
siempre abierta,
estrella del mar
ven a librar al pueblo que tropieza
y se quiere levantar.
Ante la admiración
de cielo y tierra,
engendraste a tu Santo Creador,
y permaneces siempre Virgen,
recibe el saludo del ángel Gabriel
y ten piedad de nosotros pecadores.
+ En el nombre del Padre y, del Hijo, y del Espíritu Santo: Amén.