|
Los más recientes Octubre, 2008
|
|
|
"Que Cristo habite por la fe en vuestros corazones" (Ef 3,
17). Esta súplica que, inspirado por el Espíritu, hace el Apóstol San Pablo,
tiene su fundamento en el mismo Señor Jesús, quien promete hacer morada en
nosotros (Jn 14, 23; Ap 3, 20). Dicha promesa encuentra en el corazón humano un
intenso eco que se enraíza en una profunda nostalgia de comunión y de infinito
que, a pesar de los innumerables sucedáneos que ofrece el mundo de hoy, no se
logra extinguir nunca por completo.
Sin embargo, para que el Señor Jesús pueda habitar realmente en
nuestros corazones, es necesario cooperar activa y eficazmente con la gracia de
Dios. Se trata de un sendero que supone despojarnos de los obstáculos o sombras
de pecado que impiden que el Amor se arraigue en nosotros, para que podamos
revestirnos de Hombre Nuevo (Ef 4, 22-24; Col 3, 9-10). Esta cooperación
activa, que se inscribe dentro de lo que San Pablo llamaba el buen combate
(1Tim 1, 18; 1Tim 6, 12), es parte integral del camino hacia Dios. Ella supone,
además, un esfuerzo metódico y positivo.
En Santa María, Madre de la fe, encontramos un singular
paradigma de esta cooperación libre con la acción de la gracia. En su compañía
y al calor del amor filial, aprendemos a conocer y amar a Jesús, para así,
dóciles y obedientes, hacer lo que Él nos diga (Jn 2, 5).
Para crecer progresivamente en este proceso de conversión
debemos hacer un esfuerzo constante por integrar la fe y la vida. El reto es
vivir una espiritualidad de lo cotidiano. es indispensable por ello poner
medios eficaces y proporcionados que nos permitan cooperar con la gracia que el
Espíritu Santo derrama generosamente en nuestros corazones. Como una posible
clave para la perseverancia, debemos considerar que estos medios, así como su
aplicación deben ser sencillos, pues usualmente lo complicado suele se más
difícil de mantener; flexibles, de modo que se adapten fácilmente a las
diversas circunstancias cotidianas; y realistas, ya que uno de los peores
enemigos de la perseverancia es el subjetivismo desencarnado.
En este sentido, la presente recopilación de temas, denominada
Camino hacia Dios, busca ser un instrumento de fácil manejo que de algún modo
anime y oriente los esfuerzos cotidianos por alcanzar la santidad. A la
exposición de los temas se añaden algunas citas de la Escritura para ser
meditadas en espíritu de oración según un sencillo esquema de guía para la
oración. No está de más resaltar que la comprensión de los temas y su
meditación ferviente en la oración deben conducirnos a volcar nuestras vidas en
el servicio, en sus diversas expresiones.
|