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EL GRAN JUBILEO

La tradición de los jubileos, inaugurada en el Antiguo Testamento [1] y llevada a su culminación por el Señor Jesús [2], continúa hoy en la historia de la Iglesia [3]. En la Iglesia todos los jubileos aluden a la misión mesiánica de Jesucristo y se refieren al «año de gracia de Yahveh» [4], el tiempo de salvación que Él ha venido a ofrecer a toda la humanidad.

El Señor Jesús -el Mesías anunciado por los profetas, enviado por el Padre y Ungido por el Espíritu Santo- es quien finalmente anuncia el Evangelio a los pobres, trae la libertad a los privados de ella, devuelve la vista a los ciegos, e inaugura para la humanidad entera -con sus palabras y ante todo con sus obras- un tiempo de gracia, un tiempo de liberación hecha de reconciliación [5]. Los jubileos, lejos de ser sólo la definición cronológica de un cierto aniversario, son una singular actualización de este «año de gracia» inaugurado por el Señor Jesús en su intervención de la sinagoga de Nazaret [6]: por ello el Gran Jubileo que estamos celebrando «es verdaderamente este "año de gracia", año de perdón de los pecados y de las penas por los pecados, año de reconciliación entre los adversarios, año de múltiples conversiones y de penitencia sacramental y extrasacramental» [7].

JUBILEO DE LA ENCARNACIÓN

Con la apertura de la Puerta Santa el Santo Padre ha dado inicio al Gran Jubileo. Nos encontramos en un Año santo verdaderamente grande porque celebramos «el bimilenario del acontecimiento-misterio de la Encarnación, con el cual la humanidad alcanzó el culmen de su vocación. Dios se hizo hombre para hacer al hombre participe de su propia divinidad» [8].

LA ENCARNACIÓN: ACONTECIMIENTO-MISTERIO

¿Qué entendemos por "Encarnación"? Que «el Verbo se hizo carne» [9], es decir, que Dios -la Segunda Persona de la Trinidad que existía junto al Padre desde toda la eternidad- se hizo hombre, no en apariencia, sino verdadera y plenamente hombre [10], en todo igual a nosotros excepto en el pecado.Y se hizo hombre siendo concebido de una Mujer [11], no mediante el concurso de varón, sino por obra del Espíritu Santo [12]. María es la Mujer bendita entre todas que, siendo y permaneciendo siempre Virgen, llegó a ser la Madre de Jesús: para Dios nada hay imposible [13].

La Encarnación es un acontecimiento -un hecho que sucedió realmente en la historia de la humanidad- y un misterio. El misterio «es una realidad meta-racional, más allá de la racionalidad del hombre» [14], es decir, una realidad que va más allá de todo lo susceptible de ser imaginado o inteligido por el hombre en su situación actual, y por tanto, su comprensión nunca podrá ser agotada. Pero al mismo tiempo hay que afirmar que algo de su sentido sí puede ser comprendido, y por ello la recta actitud ante el misterio es la de «aproximarse a la verdad revelada con la reverencia debida, apuntando a la intelección posible» [15]. Todo ello con profunda humildad y en espíritu de oración.

LA ENCARNACIÓN REALIZA UN "ADMIRABLE INTERCAMBIO"

Por el acontecimiento-misterio de la Encarnación «Dios se hizo hombre para hacer al hombre participe de su propia divinidad» [16]. ¡Este es el admirable intercambio: el Verbo divino despojándose de sí mismo [17] asume al hombre -y con Él todo lo humano- para reconciliarlo y elevarlo a lo divino.

De este modo, «a través de la Encarnación, Dios ha dado a la vida humana la dimensión que quería dar al hombre desde sus comienzos y la ha dado de manera definitiva» [18]. Esta es, pues, la finalidad de este admirable intercambiorealizado por Dios: abrir nuevamente el camino y conducir al hombre -luego de su caída- al culmen de su vocación, que -como recuerda la enseñanza de los padres conciliares- es una sola: la participación, desde lo hondo de su ser y en toda su persona, en la vida divina [19].

Esto quiere decir, evidentemente, que en el Señor Jesús -y sólo en Él- el ser humano encuentra el horizonte personal ante el cual descubre su verdadera y plena identidad, el sentido de su vida, así como la energía para poder responder rectamente a su vocación a ser persona humana y alcanzar así su felicidad.

EL DINAMISMO ENCARNATORIO DEL APOSTOLADO

El hecho mismo de la Encarnación transmite un mensaje inequívoco: la Palabra al hacerse carne valora el mundo. En efecto, «dado que el Verbo se hizo carne, el cuerpo humano es importante, y también lo son las condiciones físicas, sociales y culturales de la familia humana. Puesto que el Verbo se hizo carne en el tiempo, es importante la historia humana, la vida diaria de los hombres» [20]. Lo que Dios ha creado no es malo de por sí [21], y lo que de malo hay en él es consecuencia del pecado del hombre.

Y así como el Verbo se encarnó, así también «la Iglesia está profundamente inmersa en el mundo, en el tiempo y, por consiguiente, en todas las cosas humanas, podemos decir que la Iglesia es " del mundo" en un sentido muy positivo, precisamente como Dios mismo fue "del mundo" cuando nos envió a su Hijo como hombre. En este sentido, ser del mundo significa que la Iglesia se compromete plenamente con la historia y la cultura, pero para transformarlas, para convertir el miedo en alegría mediante la fuerza del Evangelio» [22].

Asumiendo en su propia existencia el dinamismo encarnatorio, los hijos de la Iglesia no huyen del mundo sino que, al considerarlo el «ámbito de realización del hombre según los designios divinos» [23], buscan inserirse en las diversas realidades humanas con la eficacia transformadora de la levadura [24]: «Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad» [25]. De este modo, los creyentes encaminan el mundo hacia su verdadero fin.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

Sobre el Jubileo

  • El Jubileo en el AT: Lev 25, 10.
  • El año de gracia de Yahveh: Is 61,1-2.
  • El Señor Jesús realiza lo que estaba prefigurado en el AT: Lc 4,16-30; Mt 11, 4-5; Lc 7, 22.

Sobre la Encarnación

  • El Verbo era Dios: Jn 1,1-2;
  • El Verbo se encarnó: Jn 1,14; Flp 2,6-7;
  • Haciéndose Hijo de Mujer: Gal 4,4; Lc 1,26-38; 42-43;
  • Con una carne como la nuestra, Dios se hizo visible, audible, palpable: 1Jn 1, 1-2;
  • Por su encarnación nos eleva: Jn 1,12; 1Jn 3,1-3;

Sobre el dinamismo encarnatorio

  • Estar en el mundo sin ser del mundo: Jn 17, 11. 14-16. 18;
  • Como la levadura que fermenta la masa: Mt 13,33; Lc 13,21;
  • Sal de la tierra: Mt 5, 13;
  • Luz del mundo: Mt 5,14-16;
  • Judío con los judíos, gentil con los gentiles, débil con los débiles. para ganar a los que más se pueda: 1Cor 9,19-23;

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[1] En el Antiguo Testamento el año jubilar, una institución divina (Lev 25, 10), debía celebrarse cada 50 años. El término jubileo hunde sus raíces en el hebreo yobel (= trompeta, pues con ellas se anunciaba el inicio del año jubilar), y su celebración exigía acciones concretas de rescate o emancipación de personas o posesiones.

[2] Ver Lc 4, 16-30.

[3] Ver Tertio millennio adveniente, 11-14.

[4] Is 61, 2.

[5] Ver Lc 4, 16-30; también Mt 11, 4-5; Lc 7, 22.

[6] Lug cit.

[7] Tertio millennio adveniente, 14.

[8] S.S. Juan Pablo II, Homilía de Nochebuena, 24/12/98, n.4.

[9] Jn 1,14.

[10] Ver Jn 1,1-4; 1Jn 1,1-3.

[11] Ver Gál 4,4.

[12] Ver Lc 1,34-35; Mt 1,20.

[13] Ver Lc 1,37.49; Mt 19,26.

[14] Luis Fernando Figari, Trinidad y Creación, Fondo Editorial, Lima, 1992, p.9.

[15] Allí mismo, p. 11.

[16] S.S. Juan Pablo II, Homilía de Nochebuena, 24/12/1998, n.4.

[17] Ver Flp 2,6.

[18] Redemptor hominis, 2.

[19] Gaudium et spes, 22.

[20] S.S. Juan Pablo II, Discurso a un grupo de obispos del Canadá, 30/10/99, n. 3.

[21] Ver Gen1,4.10. 12. 18. 21. 25. 31.

[22] S.S. Juan Pablo II, Discurso a un grupo de obispos del Canadá, 30/10/99, n. 3.

[23] Luis Fernando Figari, Huellas de un Peregrinar, Fondo Editorial, Lima, 1991, p.19.

[24] Ver Mt13,33.

[25] Evangelii nuntiandi, 18.