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DISPONIBILIDAD APOSTÓLICA
 

El cristiano como hijo de Santa María busca siempre adecuar su espiritualidad a la espiritualidad de María. Por ello, queremos mirar a la Madre para aprender de ella a vivir conformándonos a su Hijo. Como en su vida, nuestra espiritualidad se hace vida en el servicio. El Señor Jesús quiso asociar de una manera estrecha a su Madre en el servicio apostólico. De la maternidad espiritual de Ella brota nuestro llamado a ser apóstoles. De ahí pues que en la medida en que demos respuesta a este llamado que el Señor Jesús nos ha hecho iremos haciéndonos más libres, más felices, más auténticos y reconciliados. Esta respuesta es una opción personal e íntima, sin embargo, sabemos bien que no se queda encerrada en nuestra intimidad, sino que brota como anuncio y testimonio de entrega. No olvidemos la enormidad de la misión a la que Dios nos convoca: Reconstruir todo un mundo desde sus cimientos, de salvaje volverlo humano, y de humano divino. Para ello es necesario ser disponibles.

AMOR Y LIBERTAD

Estamos llamados a vivir el Amor. Y este camino de realización en el Amor es un llamado a compartir con los hermanos el don recibido. Este don no es otro que el Amor del Hijo de Dios que se hace Hijo de María para traernos la Reconciliación. El amor es difusivo, nos impulsa a entregarnos a los hermanos en un servicio apostólico eficaz, radical y constante. Y en esta entrega descubrimos nuestra verdadera libertad. Paradójicamente, quien más se entrega más tiene, quien se hace servidor de sus hermanos es más libre. La dinámica propuesta por el Señor Jesús aclara esta paradoja: "el que gana su vida la pierde, el que la pierde por Mí la ganará para siempre" (Mt 10, 39). Se trata de una cuestión de libertad de opción: será verdaderamente libre quien poseyéndose en el silencio y dominio de sí se entregue a vivir el Plan de Dios con todas sus consecuencias en la vida cotidiana.

AMOR Y APOSTOLADO

Esta vocación a vivir al Amor la vivimos de manera concreta en el servicio apostólico. Por el apostolado vamos cumpliendo la misión que se nos ha encomendado: instaurarlo todo en Cristo bajo la guía de María. El llamado del Señor a ir por todo el mundo y proclamar la Buena Nueva a toda la creación es hoy más vigente que nunca. En un mundo que padece todo género de divisiones, estamos llamados a anunciar la Buena Nueva de la Reconciliación que nos ha traído el Señor Jesús. En esto consiste el llamado a ser apóstoles: anuncia a tiempo y a destiempo el Evangelio (2Tim 4, 2).

SER DISPONIBLES

Este llamado exige una respuesta radical de nuestra parte, un esfuerzo constante por conformarnos con el Señor Jesús, por encontrarnos personalmente con Él para poder anunciarlo ya que nadie da lo que no tiene. El primer campo de apostolado soy yo mismo. Vanamente predicaríamos la Reconciliación si no hacemos esfuerzos serios por vivirla. Nuestro combate espiritual es una preparación para el apostolado. Siguiendo el ejemplo de María, Paradigma de Unidad, debemos esforzarnos por estar disponibles, por quitar con nuestra fidelidad los obstáculos al Amor, todas las cosas que estén en contraste con el Plan de Salvación. La disponibilidad, es decir la voluntad puesta a tiempo y a destiempo al servicio de los hermanos en el apostolado, es un camino de plenitud, de libertad, de santidad. Este camino, sin embargo, debe ser vivido según el máximo de nuestras capacidades y posibilidades, cada uno según su situación concreta.

La disponibilidad apostólica es también una consecuencia lógica del Amor. Quien verdaderamente ama dona todo su tiempo a la persona que ama. Difícilmente pondrá obstáculos o inventará excusas para no encontrarse con aquel que a quien ama. La disponibilidad en el apostolado es fruto del dinamismo amorizante del encuentro con el Señor Jesús. Cuanto más nos acercamos al Señor Jesús, más nos señala a María; y cuanto más nos acercamos a Madre, Ella nos enseña con su corazón doloroso y puro el camino de encuentro con su Hijo. Y en este camino de amorización descubrimos en ambos una disponibilidad absoluta para el cumplimiento del Plan de Dios, un amor sin medida a todos los hermanos humanos, y con ellos a toda la Creación que gime con dolores de parto esperando la Reconciliación.

¿CÓMO VIVIR LA DISPONIBILIDAD?

Para ser verdaderamente disponibles al apostolado debemos enamorarnos realmente de la misión apostólica, descubrirla en nuestras vidas como el anhelo que ciertamente late en lo profundo de nuestros corazones. Y para esto recurrimos a María.

Maria es por excelencia modelo de disponibilidad apostólica, "ella, desde su libertad poseída se ofrece libremente al Plan de Dios. Lo hace con conciencia de que está iniciando un camino con unas exigencias que Ella no controla" (María Paradigma de Unidad p. 11). Ella nos muestra el camino del amor que responde de manera inmediata y total a las exigencias de Aquel que es Amor, porque sabe, con el conocimiento que le da la fe, que en vivir estas exigencias está la plena realización de su libertad.

Maria nos enseña también a vivir el desapego a los frutos de nuestro apostolado, a estar disponibles incluso a lo que no entendemos con nuestros razonamientos humanos (Lc 2, 50). María vive enamorada de la misión apostólica, por eso no duda en hacerse disponible. "El amor de Cristo nos apremia" (2Cor 5, 14), de allí que la disponibilidad, la donación de todo nuestro tiempo y afán al apostolado no sean sino una consecuencia lógica de nuestro amor al Señor Jesús.

Es necesario pues, recurrir constantemente a María, pedirle que nos alcance de su Hijo la gracia de ser disponibles al apostolado como Ella lo fue. Debemos desarrollar en nosotros una sólida piedad filial, una sintonía con Aquella que es paradigma de unidad y libertad en el cumplimiento del designio divino.

Precisamente por esta piedad filial descubrimos la necesidad de recurrir constantemente a los sacramentos, de esforzarnos por vivir con mayor intensidad la Liturgia, por irnos formando en el silencio, en la escucha permanente a Dios y a nuestros hermanos.

La disponibilidad apostólica es entonces un asunto central en nuestra vida cristiana, se trata de la respuesta amorosa a la vocación al apostolado, al don de la Reconciliación traído por el Hijo de María, una respuesta, total y verdaderamente libre como la de Santa María, a la nostalgia profunda, al hambre de Dios que late en todos los corazones humanos lacerados por el pecado, la injusticia y la ilusión.

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • La disponibilidad apostólica enseñada por la vida del Señor Jesús: Mt 4, 17; Mt 9, 35; Mc 2, 1-2; Lc 8, 1-3; Mt 10, 1-16; Mt 10, 17-25; Mt 10, 26-33, Mt 10, 34-36; Mt 10, 37-39; Mt 10, 40-42.
  • La disponibilidad apostólica enseñada por las palabras del Señor Jesús: Lc 9, 57-60; Mt 8, 18-22.
  • Estamos llamados al apostolado: Mt 28, 19; Hch 10 , 42.
  • La disponibilidad apostólica, fruto del amor al Señor Jesús y a los hermanos: 2Cor 4, 1-6; 2Cor 5, 11-15.
  • Somos enviados por el Señor Jesús: Jn 17, 18.
  • Disponibilidad apostólica aún en las dificultades: 1Cor 15, 58.

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