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UN MUNDO INCOHERENTE
Vivimos en un mundo de palabras huecas, de frases
altisonantes que ocultan intenciones que poco tiene que ver con lo que
proclaman las palabras. Vivimos en la era de las comunicaciones. Los mensajes
se multiplican y entrecruzan, nuestra capacidad de asimilar la información que
diariamente recibimos está bombardeada por estímulos encontrados y
superpuestos.
Diariamente somos testigos de las grandes
incoherencias públicas. El hombre de hoy con sus grandes declaraciones sobre
los derechos, con su conciencia cada vez más aguda de la libertad y la dignidad
humana, es testigo perplejo y confundido de la incoherencia entre sus buenas
intenciones y la realidad lacerante de la injusticia, de la brecha creciente
entre ricos y pobres, de la conculcación cada vez más flagrante de los derechos
que se dicen defender. En una palabra, vivimos inmersos en una cultura sellada
por la incoherencia entre lo que se dice y lo que se vive.
LLAMADOS A SER COHERENTES
Como cristianos estamos llamados a la santidad. Este
camino es un apasionante desafío que no está exento de dificultades pero en él
la gracia de Dios nos guía y nos sostiene. Sin embargo, para que la gracia sea
eficaz en nuestras vidas es necesaria nuestra cooperación. No basta con decir
"Señor, Senor" (Mt 7, 21). Por eso San Agustín decia: "Dios que te creó sin tu
consentimiento no te salvará sin tu consentimiento". Como consecuencia de este
llamado se nos exige la autenticidad, dar testimonio permanente de la
Reconciliación traída por el Señor Jesús. De nuestra coherencia depende la fe
de muchos hermanos que esperan una respuesta a las inquietudes más hondas de su
mismidad. Recordemos siempre que es todo un mundo el que tenemos que
transformar desde sus cimientos, de salvaje a humano y de humano a divino. La
grandeza de nuestra misión hace indispensable que no traicionemos la fe que
proclamamos.
EL ENEMIGO: LA MENTIRA EXISTENCIAL
En cada intento por vivir la coherencia establecemos
un combate frontal con el pecado y la scotocis, contra esa realidad tenebrosa
que es el ambiente propicio para el desarrollo de esa cultura de muerte que
estamos llamados a transformar. Y en este combate la peor derrota es proclamar
la fe y no vivirla, transformar en mentira personal lo que decimos que es
Verdad para todos los hombres. Peor traición no existe, la incoherencia con
nuestra fe es decir públicamente que Dios miente, es el escándalo que el Señor
condena en el Evangelio.
NUESTRA REALIDAD: LA DEBILIDAD
Estamos invitados a la Comunión de Amor y a dar
testimonio de nuestra esperanza en el mundo. En este esfuerzo nos encontramos
con nuestra debilidad, descubrimos que solos no podemos (Jn 15), que tenemos
miedo, que como Pedro prometemos y traicionamos. Entonces surge la pregunta
¿Cómo aprender a ser coherentes?
MARÍA: MAESTRA DE LA COHERENCIA
Nuestra espiritualidad es la espiritualidad de
María. Todo lo que aprendemos sobre el Señor Jesús lo aprendemos de nuestra
Madre. Y todos los auxilios para vivir nuestra fe los recibimos gracias a su
intercesión y a través de ella.
ESCUCHA DE LA PALABRA
María es la Mujer que desde su nacimiento responde a
las inquietudes fundamentales de su ser. Vive en el silencio, en la escucha
permanente a la Palabra. No se deja atrapar por el ruido ni por el activismo.
Pone la clave de su vida, su sentido más hondo, su persona íntegra, al servicio
del Plan de Dios porque sabe que sólo en Él está la Plenitud. Su corazón
inmaculado está integra y permanentemente atento a la voz del Señor Jesús.
Meditando en la vida de nuestra Madre descubrimos
que la coherencia no es otra cosa que la consecuencia natural de escuchar la
Palabra, el llamado más hondo de su propio ser, la respuesta al ansia ardiente
de plenitud, de verdad, de paz, de felicidad, de alegría que ella como cada uno
de nosotros tiene escrito en el fondo de su ser más íntimo (Lc 1, 46).
PONER POR OBRA
Cuando María dice el primer hágase (Lc 1, 38) se
compromete a ser coherente en su misión de ser la Madre del Reconciliador. Esta
entrega le exigirá dolor y sacrificio pero ella sabe que en adherirse a su Hijo
está la felicidad plena. Nada la desviará de su objetivo, el amor inmenso por
el Señor Jesús y por nosotros sus hijos, la impulsará a ser la mujer fiel, la
Madre de la esperanza, de la constancia en la espera de las promesas divinas,
de la fe.
En María descubrimos que la coherencia es un signo
cotidiano de amor. Los grandes momentos de su vida, la respuesta afirmativa al
anuncio del ángel, a la profecía del anciano Simeón, a la enigmática respuesta
del Señor Jesús en el Templo, al Sacrificio del Hijo en la Cruz, al nacimiento
de la Iglesia no son sino el fruto maduro de su constancia cotidiana en el
esfuerzo por descubrir el Plan de Dios y responder en las situaciones más
sencillas. La fidelidad en lo pequeño asegura la fidelidad en lo grande.
La coherencia es pues, escuchar la Palabra de Dios y
ponerla por obra como lo hizo María, nuestra Madre.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Motivos para la coherencia: Heb 10, 32-36.
-
Dios nos educa en la coherencia: Heb 12, 1-13.
-
Coherencia en la caridad y en la oración: Rom 12,
9-12.
-
Nuestra misión: ser coherentes: Mt 5, 13-16.
-
Constancia en el combate contra el maligno: 1Pe 5,
9--11.
-
Ser coherentes en todo momento: Flp 1, 27-30.
-
Coherencia con la Palabra en el sufrimiento: 1Pe
4, 12-19.
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Trabajo de Interiorización
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