|
Dios, en virtud de su infinito amor, sale al encuentro del hombre y se revela
progresivamente a lo largo de la historia humana, manifestándose a sí mismo
como también su Plan de Reconciliación. Esta Revelación alcanza su forma plena
y definitiva en la persona del Señor Jesús, Hijo de Dios hecho Hijo de Santa
María para reconciliarnos con el Padre y mostrarnos el camino que conduce a la
plena felicidad y realización humana.
La fe es una respuesta al maravilloso don de la
reconciliación, a la invitación amical de Dios para recuperar la semejanza
perdida por el pecado y cumplir con su Plan, una entrega generosa y personal
del hombre hacia Dios: "Por la fe, el hombre se entrega entera y libremente a
Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y su voluntad, asintiendo
libremente a lo que Dios revela" (DV, 5).
La fe implica un asunto de elección, de opción
personal. Es una respuesta a la invitación divina por una decisión libre de la
voluntad, que se realiza con la gracia de Dios. En efecto, en la respuesta de
la fe la iniciativa es de Dios. Es Él quien hace posible la respuesta humana.
es su gracia la que nos ilumina para que podamos percibir con claridad la
Verdad y adherirnos a ella. La fe es, pues, un don, una gracia especial de Dios
que nos permite acoger las verdades y promesas reveladas.
Sin embargo, la respuesta desde la fe no es posible
sin el concurso libre y responsable del ser humano. el hombre siempre es libre
de aceptar la invitación divina y por lo tanto de acoger el don de la fe, o de
cerrarse a la acción de la gracia y rechazarlo. En la fe se da, pues, la
misteriosa concurrencia de la acción de Dios y la libertad humana.
UNA FE INTEGRAL
Tener fe no es solamente aceptar la Verdad, sino
adherirse a ella con toda la mente y con el corazón, actuando con coherencia y
convicción según lo que la Verdad nos revela en y por la Iglesia. No debemos
olvidar que la fe se dirige al encuentro de la persona total, no solamente de
su entendimiento, o sus emociones y sentimientos.
FE EN LA MENTE
La fe ciertamente implica un contenido, una serie de
verdades acerca de Dios y del hombre, reveladas por el mismo Dios para nuestra
reconciliación. Por la fe en la mente yo creo en esas verdades reveladas, con
mi entendimiento a aquello que Dios me comunica por medio de su Palabra, hago
una opción por la verdad.
No pocos hombres y mujeres de hoy buscan oponer fe y
razón. Consideran la fe como una actitud inmadura e infantil, inconcebible para
nuestro tiempo, en que el ser humano ha alcanzado niveles de desarrollo
tecnológico y científico antes insospechados. Fe y razón, sin embargo, no se
oponen. La fe es una forma superior de conocimiento, que está más allá del
conocimiento racional, pues nos permite acceder a realidades superiores a las
fuerzas de nuestro entendimiento.
FE EN EL CORAZÓN
La fe es una opción vital, una decisión de mi
voluntad haciendo recto uso de mi libertad. La adhesión a una verdad no puede
ser sólo racional, requiere también una adhesión afectiva. Ésta se da por la fe
en el corazón. De esta manera, el creyente hace de su opción de fe una opción
fundamental que informa toda su existencia.
Esta opción puede, sin embargo, no tener un efecto
inmediato sobre mis emociones y sentimientos y por ello verse oscurecida en su
vivencia. Muchas veces tenemos criterios de fe muy claros, pero mis
sentimientos me empujan en la opción contraria. Es necesario educar nuestros
sentimientos y emociones -acostumbrados y apegados a lo que nos aleja del Plan
de Dios- según los valores evangélicos. En vistas a ello resulta muy importante
la práctica de la humildad, la autoaceptación y la pureza de corazón.
FE EN LA ACCIÓN
Quizá uno de los peores males de nuestro tiempo es
el divorcio entre fe y vida cotidiana. Son muchísimos los cristianos que no
viven en coherencia con lo que dicen creer. La fe profesada por el
entendimiento y asumida con el corazón debe concretarse en las obras a través
de la fe en la acción.
El cristiano debe hacer que su vida "sea digna del
Evangelio de Cristo" (Flp 1, 27). La fe no es una realidad estática; puede
aumentar o disminuir, depende de nuestra respuesta. La fe y sus efectos deben
ir recubriendo todas las esferas de nuestra realidad personal. Ése es el
sentido de la exhortación del apóstol San Pedro: "Creced, pues, en la gracia y
en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo" (2Pe. 3, 18). "La
fe, si no tiene obras, está realmente muerta" (Stgo 2, 1). Viviendo la dinámica
del amor, el creyente busca esforzarse constantemente por adecuar su vida a lo
que cree mediante su activa cooperación con la gracia, ya que "la fe... actúa
por la caridad" (Gál 5, 6).
CAMINO HACIA DIOS
Creer en Dios significa estar en camino hacia Él y
con Él. En efecto, el don de la fe es un camino, un riesgo, una conquista, una
aventura por recorrer. Implica abandonar nuestras seguridades y nuestros apegos
para emprender el camino hacia el encuentro con Dios. La fe es un proceso de
apertura hacia Dios y de confianza en Él. El creyente, antes de decir Creo
que..., pronuncia con convicción y amor Creo en Ti. La fe es encuentro, es
comunicación, es amistad entre Dios y el hombre. La fe nos conduce hacia Dios,
y nos une más íntimamente a Él.
María es para nosotros un testimonio vivo y ejemplar
de cómo vivir nuestra fe. Ella no regatea nada, no se apega a sus propios
planes sino que desde su libertad se lanza al cumplimiento de la misión que
Dios le pide. Ella supo acrecentar en su vida el don de la fe, encarnándola en
todos los aspectos de su vida cotidiana: Maria "es la creyente en quien
resplandece la fe como don, apertura, respuesta y fidelidad. Es la perfecta
discípula que se abre a la Palabra y se deja penetrar por su dinamismo... Por
su fe es la Virgen fiel, en quien se cumple la bienaventuranza mayor: feliz, la
que ha creído" (Lc 1, 45) (Puebla, 296).
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
La fe: Jn 9, 36-38; Heb 11, 1.
-
Pedir el don de la fe: Mc 9, 23-24; Lc 17, 5.
-
Fe en la mente: Mt 22, 37; Rom 12, 2; Ef 4, 17-24;
Heb 10, 16.
-
Fe en el corazón: Ez 11, 19; Ez 36, 26; Rom 10,
8-10.
-
Fe en la acción: Mt 16, 27; Stgo 2, 14-26.
-
El camino de la fe: Mt 17, 19-20; Lc 1, 45; Heb
12, 1-2; 1Pe 1, 6-9.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Tienes esa «Fe preciosa» de la que habla San Pedro en 2Pe 1, 1 o tu fe es más bien débil, mediocre? ¿Por qué?
-
¿Qué opciones erradas permanecen -explícita o subyacente- como guía de tu vida que te apartan de la fe?
-
¿Qué puedes hacer personal y comunitariamente para crecer en tu fe?
|
Descargar
Trabajo de Interiorización
|
Versión
para imprimir
|
|

|

|
|