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FE EN LA MENTE, EN EL CORAZÓN Y EN LA ACCIÓN
 

El crecimiento en la fe debe ser integral, abarcando todo el ser humano: la mente, corazón y acción. En el II Congreso Mundial de los Movimientos Eclesiales, nuestro fundador realizó una intervención titulada: "La belleza de ser cristiano y la alegría de comunicarlo". En el marco de esta conferencia presentó algunas de sus reflexiones sobre la fe integral.

Fe en la mente

«La fe en la mente corresponde al espíritu del sujeto cognoscente. Cubre el aspecto intelectual, pero no en un sentido frío, sino vital: "conoceréis la verdad y la verdad os hará libres"[1], y "por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad"[2]. Estas sentencias del Señor muestran un horizonte de aprehensión de la verdad que va, muchísimo más allá de un cerebralismo, a la dimensión existencial del ser humano, lo que resulta especialmente atractivo para el joven»[3].

«Uno de los graves males de nuestro tiempo es relegar la doctrina de la fe. Por ello, una comprensión inadecuada facilita su disolución al chocar con el secularismo agresivo, el agnosticismo funcional o tantas de las otras amenazas a la fe que se dan en el mundo de hoy. Parecería que la political correctness del mundo norteamericano o el pensiero debole han llegado a muchos, y para ellos "suena" desagradable, por decir lo menos, insistir en la existencia de la verdad y en la adhesión a la verdad. Son para quienes mantienen esta óptica verdades en exceso incómodas incluso para tolerarlas. Pero la persona, y el joven en particular, son naturalmente buscadores de la verdad[4] y se mantendrán fundamentalmente como tales»[5].

«La orientación que se debe seguir en este campo es la de proporcionar conocimientos adecuados para satisfacer el impulso de búsqueda del joven. Éste sería el primero de los actos de la prudencia, consiliari, esto es, consultar o hallar. Así el joven queda en condiciones de analizarlos a la luz de la recta razón, juzgando si lo hallado es apto para el fin, lo que es el segundo paso de la fórmula prudencial, iudicare. Y si su conciencia informada así lo acepta, en la comunión de fe, hacerlos suyos quedando mejor capacitado para interpretar cristianamente su relación con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza. En este proceso se debe colaborar con el formando para que aprenda a pensar críticamente y a desarrollar una perspectiva integral del saber humano. Juntamente se le debe iniciar en sólidos conocimientos catequéticos así como de antropología y psicología cristianas, a modo de evitar una tensión entre el desarrollo mental y su madurez, por un lado, y el contenido y proyección de su fe, por otro»[6].

«Parece oportuno destacar un par de apuntes. Primero, no se debe olvidar que la fe en la mente va inmersa dentro de un proceso integral y alude a la realidad de la persona total. Segundo, que, como llevamos dicho, la actividad intelectual es fundamental en la jerarquía de los actos humanos. Cabe destacar su valor especial para la restauración de la dignidad a la que tiene derecho el ser humano en su vida individual y social; ello, obviamente, no excluye otros aspectos también valiosos» [7].

Fe en el corazón

«La fe en el corazón corresponde al campo de los sentimientos y la voluntad. No basta la captación cognoscitiva de la Verdad, es necesaria su asimilación vital. Debe llegar a lo profundo de la persona joven. La fe no se queda en su aspecto objetivo conceptual, sino que su dinamismo busca irradiar en la persona entera. Por la vía de la experiencia va más allá de la expansión de la Verdad, hasta experimentarse como don que en cuanto expandido suscita movimientos afectivos e incluso aparece como pulchrum fidei.

Si bien es cierto que la vida cristiana es muchísimo más que meros sentimientos, la manifestación voluntaria del acto de fe no se produce exclusivamente por la motivación intelectual, sino también por la influencia afectiva. Así, el aspecto afectivo y psicológico se manifiesta como básico e imprescindible. Por todo ello, la temática cognoscitiva debe también ser afectivamente apelante, de forma que el joven se sienta en diálogo con una perspectiva personalizadora que se dirige a él en su integridad y así, descubriéndolo, se vea motivado a responder, desde su libertad, con un compromiso profundo en su proceso de educación en la fe.

Es de suma importancia concebir la aproximación a esta dimensión en la perspectiva de un compartir desde la propia experiencia de fe y de encuentro con el Señor Jesús, anunciándolo en primera persona como quien se ha encontrado con Él[8] y le manifiesta una adhesión afectiva. El camino ideal para ello es el señalado por Cristo desde lo alto de la Cruz: "He ahí a tu madre"[9]. Ello abre el camino del amor filial a la Madre, mujer de la fe, llevando al Inmaculado Corazón, que está pleno de los latidos del Sacratísimo Corazón, hacia Quien conduce en una experiencia apasionante y bellísima de amorosa fe y encuentro con Jesús en lo íntimo»[10].

«Igualmente es necesario considerar que la educación en este campo se centra, también, en la transformación de los hábitos o virtudes morales, ordenando a la persona al bien que la perfecciona como ser humano. Si la voluntad con frecuencia claudica es porque es arrastrada por las rupturas y por decodificaciones erradas de qué constituye el bien, sucumbiendo a los sucedáneos, confundiendo el ideal de la belleza, como expresión de armonía y orden en el bien y la verdad, con el propio gusto o disgusto regido por el mero subjetivismo o capricho. La maestría o ejercicio de las virtudes ayuda a encaminar la voluntad hacia el bien objetivo y a alejarla del desorden»[11].

Fe en la acción

«La fe en la acción es la proyección, mediante la expresión en la vida cotidiana y el testimonio, de la fe en la mente y en el corazón. Es menester señalar que la fe en acción, en el aspecto educativo, no consiste sólo en promover el actuar, sino fundamentalmente en la creación de hábitos de recta acción y su ulterior empleo en el obrar en respuesta al Plan de Dios para la realización del ser humano en sí y en relación con los demás»[12].

«Igualmente, es necesario recordar el sentido funcional diacónico que tiene el cristiano. La vida es servicio[13]. Este sentido diaconal debe ser remarcado y aplicado a través de la transmisión de la Buena Nueva y la transformación del mundo según el divino Plan»[14].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Conocer la verdad nos hace libres: Jn 8,32
  • El Señor Jesús es la Verdad: Jn 14, 5-6; Mt 5,37
  • Amar al Señor con todo el corazón: Mt 22,37
  • El apostolado es expresión de nuestro ardor interior: Mt 5,16
  • El camino del amor filial para vivir la fe en el corazón: Jn 19, 25-27

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Realizas un esfuerzo constante y cotidiano por vivir según la verdad revelada por el Señor Jesús?
  2. ¿Qué consecuencias trae para tu vida el vivir según tu subjetivismo y no según la Verdad?
  3. ¿Qué es la Fe Integral? ¿Cómo puedo crecer en ella?
  4. ¿Amas al Señor con todo tu corazón?
  5. ¿Eres consciente de que el apostolado es expresión de nuestra experiencia de encuentro profundo con el Señor Jesús y no una transmisión de "ideas"?

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[1] Jn 8,32.

[2] Jn 17,19.

[3] Luis Fernando Figari. Formación y misión, p. 82-83.

[4] Ver Ecle 1,13; S.S. Juan Pablo II, Fides et ratio, 21.

[5] Formación y misión, p. 84.

[6] Formación y misión, p. 86-87.

[7] Formación y misión, p. 88.

[8] Ver S.S. Juan Pablo II, Homilía durante la Misa para el clero, religiosos y seminaristas, Santo Domingo, 26/1/1979, 2.

[9] Jn 19,27.

[10] Formación y misión, p. 88-90.

[11] Formación y misión, p. 90-91.

[12] Formación y misión, p. 91-92.

[13] Ver Gál 5,13; Mt 20,28; Mc 10,45; Lc 1,38.

[14] Formación y misión,p. 92.