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NUEVA EVANGELIZACIÓN
 

En camino a la III Asamblea Plenaria del MVC, en sta ocasión seguiremos profundizando en las reflexiones de nuestro fundador en la «Catequesis en San Juan de Letrán», meditando en la importancia vital de vivir el proceso de Amorización para anunciar a Cristo en primera persona en la gesta de la Nueva Evangelización.

¿PERO CÓMO LLEGAR AL SEÑOR JESÚS?

«En la Iglesia es donde encontramos a Jesús[1], que es la Luz de la gentes, “Lumen gentium”. Recordemos el bello pasaje que hace unos momentos hemos mencionado: «“Maestro, ¿dónde vives?”. Les dijo: “Vengan y véanlo”. Ellos fueron y vieron dónde vivía y se quedaron con Él»[2]. Pues Jesús vive de manera muy especial en su Iglesia, Ecclesiam Suam»[3].

«“¡Apacienta mis ovejas!”[4], le dijo Jesús a Pedro. Como ovejas del rebaño de Cristo nos acercamos a su Vicario para vernos confirmados en la fe, alentados a seguir a Jesús, a vivir la esperanza día a día, a lanzarnos a la gran aventura de la sequela Christi, sin reservas, y a dejarnos encontrar cada vez más por Él. Así, con todo eso experimentado hallaremos mayor ardor para anunciar que el Señor Jesús es nuestra respuesta, la respuesta a los anhelos más profundos que experimenta todo ser humano, todo hombre y toda mujer, en el día de hoy, que seguirlo es nuestra mayor dicha, encontraremos en nuestro interior una fuente que como el Apóstol Pablo clama: “¡Ay de mí si no evangelizare!”[5].

Esas palabras del Apóstol en realidad queman en el interior, resuenan y resuenan infatigables, recordándonos que es todo un mundo el que hay que rehacer desde sus cimientos, empezando por nuestro mundo personalísimo, por uno mismo. Por ello decimos desde siempre: “Nadie da lo que no tiene” así como: “Yo soy el primer campo de apostolado”»[6].

«Sabemos bien que desde lo alto de la Cruz, el Señor apunta a María y nos la da como Madre: “He ahí a tu Madre”[7]. Es la invitación a seguir esa senda de la escuela de María, que lleva a interiorizar la respuesta al “Haced lo que Él os diga”[8], tal como Ella misma lo hizo: “He aquí la sierva del Señor”[9]. “Hágase”, como está en el divino Plan. Pero esto nos mueve en el aspecto de la prudencia, nos mueve en el aspecto del intelecto. Es la decisión de decir “sí” al Plan divino, pues sabemos que Dios quiere lo mejor para nosotros y no engaña jamás.

Pero ese “sí”, ese Fiat repetido cotidianamente exige un adentrarse aún más en el amor de Jesús que nos llama a todos y a cada uno de nosotros. Y nos llama por nuestro nombre. Porque nos conoce desde antes de que fuésemos engendrados en el vientre de nuestras madres. Y por ello el reconocer a María como Madre no sólo es acercarnos a Ella con la confianza máxima con que uno se pueda acercar a su madre natural, sino ingresar en el camino de la interiorización del amor. Y así, en nuestra espiritualidad, planteamos el amor filial, pues entendemos que eso nos indica Jesús en su último Testamento desde lo alto del Gólgota: “He ahí a tu Madre”[10]. Ámala. Llévala a tu corazón. Ama a María como Jesús. Ése es nuestro camino espiritual para vivir, identificarnos y acoger a quien es la respuesta, a quien es nuestra redención, a quien nos abre la senda de la cuádruple reconciliación. Ése es el camino para hacerlo»[11].

NUEVA EVANGELIZACIÓN

«En Santo Domingo, en 1992, los Obispos enseñan en esta senda: “Con alegría y agradecimiento acogemos el don inmenso de su maternidad, su ternura y protección, y aspiramos a amarla del mismo modo como Jesucristo la amó. Por eso la invocamos como Estrella de la Primera y de la Nueva Evangelización”[12].

El círculo se cierra y en la dinámica del amor nos ubicamos en el contexto de la Nueva Evangelización, que hemos hecho tan nuestra. Nada menos que el Medellín auténtico ya pedía “alentar una nueva evangelización y catequesis intensivas”[13], y también Puebla, al asumir el desafío para la Iglesia de “renovar su evangelización de modo que pueda ayudar a los fieles a vivir su vida cristiana”[14], hasta llegar al programático llamamiento de S.S. Juan Pablo II, en Haití. El Papa Juan Pablo II lo lanza con fuerza y hace de él una bandera. En Puerto Príncipe llamó a “una evangelización nueva. Nueva en su ardor, en sus métodos, en su expresión”[15]. Más adelante invitó una y otra vez a la Iglesia toda a llevar adelante una Nueva Evangelización, según los planteamientos que hizo en Haití.

Nosotros nos situamos en las exigencias de la Nueva Evangelización frente a los múltiples desafíos del mundo de hoy y aportamos el desarrollo de una teología de la reconciliación que invita a la superación de las rupturas y a establecer las debidas relaciones con Dios, con uno mismo, con los demás seres humanos y con el mundo.

Siguiendo la enseña que de manera tan insistente elevó el querido Juan Pablo II, venimos laborando incansables en la Viña del Señor, buscando anunciarlo en todas las realidades de la sociedad y hasta las raíces de la cultura del hombre.

Esa pequeña semilla sembrada en la tierra de la evangelización constituyente, alimentada por los impulsos de la Nueva Evangelización, que fue el Movimiento de Vida Cristiana de 1985, se presenta hoy cubriendo cuatro continentes[16], muchas naciones y millares de personas de diversas lenguas y costumbres unidas en la Iglesia y compartiendo una espiritualidad que hunde sus raíces en la tradición católica y que surge de cara a los nuevos tiempos como un árbol frondoso.

Dios conceda que todo emevecista sea cada vez más un apóstol infatigable, que en el marco de la Nueva Evangelización diga con el Apóstol de Gentes: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que tengo.¡Ay de mí si no evangelizare!”[17].

Desde la escucha a Jesús, pasando por la ascesis e interiorización de la fe, ingresando al proceso de amorización, y al anuncio evangelizador, vemos un proyecto de vida capaz de plenificar la existencia de todo ser humano. Que Dios nos conceda ser cada vez más fieles a nuestro llamado y a vivir nuestro compromiso y misión eclesial desde ese amor apasionado por la Iglesia que ha caracterizado toda la existencia del Movimiento de Vida Cristiana»[18].

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • El Señor Jesús se ha quedado con nosotros en su Iglesia: Jn 1,38-39; Mt 28, 16-20; Mt 16,13-20.
  • El encuentro con el Señor Jesús nos llena de ardor por anunciarlo: 1 Cor 9,16.
  • Yo soy el primer campo de apostolado: Jn 15,4-5
  • Seguir la escuela de María: Lc 1,38 ; Jn 2,5.
  • Nuestro camino espiritual: vivir la piedad filial: Jn 19, 25-27.
  • Importancia de cooperar activamente con la gracia: 2Pe 1, 1-11.
  • Anunciar incansablemente el don de la Reconciliación: Mt 10; Gal 2,20; Flp 3,7-8.

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Vivo con alegría y esperanza la gran aventura de seguir al Señor Jesús, la Sequela Christi?
  2. ¿Experimento en mi corazón un profundo ardor por anunciar al Señor Jesús como la verdadera respuesta?
  3. ¿Qué implica que yo sea el primer campo de apostolado? ¿Me esfuerzo por encontrarme con el Señor Jesús, Camino, Verdad y Vida?
  4. Estamos llamados a seguir el camino de la escuela de María. ¿Soy consciente de lo que esto significa?
  5. ¿He acogido a Santa María en mi vida, como me lo ha pedido el Señor Jesús desde lo alto de la cruz? ¿Cómo vivo mi piedad filial?

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[1] Ver S.S. Juan Pablo II, Ecclesia in America, 10.

[2] Jn 1,38-39.

[3] Luis Fernando Figari, Catequesis en San Juan de Letrán, p. 29.

[4] Jn 21,16s.

[5] 1Cor 9,16

[6] Catequesis en San Juan de Letrán, p. 30-31.

[7] Jn 19,27.

[8] Jn 2,5.

[9] Lc 1,38.

[10] Jn 19,27.

[11] Catequesis en San Juan de Letrán, p. 31-33.

[12] Santo Domingo, 15.

[13] Medellín, Mensaje, 6.

[14] Puebla, 433.

[15] S.S. Juan Pablo II, Discurso al CELAM, Puerto Príncipe, 9/3/1983, 3.

[16] N. del ed.: Al publicarse este texto son ya cinco continentes aquellos en los que está el Movimiento de Vida Cristiana

[17] 1Cor 9,16.

[18] Luis Fernando, Catequesis en San Juan de Letrán, p. 35-38.