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«GLORIA A DIOS EN EL CIELO, Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD»[1]
 

I. «EL VERBO DE DIOS SE HIZO HOMBRE Y HABITÓ ENTRE NOSOTROS»[2]

Recientemente ha concluido el XII Sínodo de los Obispos y el tema tratado fue: «La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia». Esto es justamente lo que celebramos en Navidad: la llegada de la «Palabra de Dios» a nuestra tierra, a la vida del hombre: «Y el Verbo de Dios se hizo hombre y habitó entre nosotros»[3]. Jesucristo nuestro Salvador, en su infinita misericordia, se «abaja» y se hace uno de nosotros para que nosotros nos hagamos como Él . Dios asume nuestra humanidad para que nosotros seamos acogidos en su divinidad. Por su gracia hemos sido hechos hijos en el Hijo, «mas cuando vino la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, puesto bajo la Ley, para redimir a los que estaban bajo la Ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos»[4].

Muchas veces, cuando alguien se refiere a la "Palabra de Dios" pensamos únicamente en la Sagrada Escritura, pero se nos olvida que la Palabra de Dios es Cristo mismo, el Hijo Unigénito de Dios e Hijo de María. Precisamente por ello este Sínodo al tratar sobre la Palabra de Dios no trató únicamente de la Sagrada Escritura sino del Verbo (Palabra) de Dios hecho "carne", Jesucristo nuestro Señor.

La Navidad es un tiempo en el que se "re-actualiza" el nacimiento del Señor, un tiempo para escuchar atentamente la Palabra de Dios que se hace niño y acogerlo en nuestros corazones. El Verbo de Dios debe "hacerse carne" nuevamente en nosotros. Es necesario entonces preparar nuestros corazones para recibir al Salvador y así permitir que Él se haga vida en nosotros. En palabras de Santo Padre: "invocar el don del nacimiento del Salvador prometido significa también comprometerse para preparar el camino, para predisponer una digna morada no sólo en el ambiente en torno a nosotros, sino sobre todo en nuestra alma. Dejándonos guiar por el evangelista san Juan, tratemos por tanto de dirigir en estos días nuestro pensamiento y nuestro corazón al Verbo eterno, al Logos, a la Palabra que se hizo carne y de cuya plenitud hemos recibido gracia sobre gracia."[5]

Al hacerse hombre, Dios se hace "palabra" humana y nos enseña a ser plenamente humanos evidenciándonos nuestra verdadera identidad y misión. El Señor Jesús es el modelo perfecto de hombre. Acudamos esta Navidad al pesebre con los oídos y el corazón bien dispuestos para poder escuchar su Palabra, para poder comprender el mensaje de verdad y de amor que se hace palpable en ese niño "indefenso" que es Dios omnipotente.

II. "EL PUEBLO QUE CAMINABA EN LAS TINIEBLAS HA VISTO UNA GRAN LUZ"[6]

San Juan en el prólogo de su Evangelio nos dice que la Palabra de Dios existía desde siempre. "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios..."[7] y que todo fue hecho por ella. Además, "en ella estaba la vida y la vida era la luz de los hombres, y la luz brilla en las tinieblas y las tinieblas no la vencieron."[8] Por eso en esta Navidad como todos los años conmemoramos el día en que vino la luz al mundo.

Por otro lado, el Evangelio de San Lucas relata cómo el día en que nació Jesús unos pastores se encontraban en el campo cuidando a sus ovejas, era de noche[9]. Este último detalle es importante, pues nada es "coincidencia" en la Sagrada Escritura. La Revelación es siempre un misterio que nos trasciende y que debe ser "leída" con el mismo Espíritu con que fue escrita. Al mencionar la oscuridad de la noche el evangelista busca expresar la realidad en la que se encontraba el mundo antes de la llegada del Salvador. El mundo se encontraba en la oscuridad y en las "tinieblas" por el pecado. Sin embargo, en aquel momento "se les presentó el Ángel del Señor, y la gloria del Señor los envolvió en su luz"[10], es decir, les fue develado el misterio de la Luz al anunciarles el nacimiento del Salvador, la "Luz del mundo"[11]. Pero, ¿qué implica exactamente para el Pueblo de Israel este nacimiento? ¿Qué implica para nosotros los cristianos hoy?

Con la llegada del Salvador se hace realidad la esperanza del Pueblo elegido, lo que habían esperado por siglos: la Reconciliación. Un pueblo que se encontraba en tinieblas durante tantos siglos finalmente recibe la Luz verdadera. Es aquella Luz la que conduce a los hombres hacia Dios y les da la vida verdadera y la felicidad auténtica. Esta luz vence TODA tiniebla, toda desesperanza y todo pecado.

Es por eso los ángeles cantan "Gloria a Dios en el cielo..."[12], pues el nacimiento del Salvador es la manifestación más clara de la gloria de Dios. Con el nacimiento del Mesías Dios es glorificado en el cielo, pues Dios mismo con este acto de amor supremo "glorifica su nombre" y deja entrever su poder, su infinita misericordia y su fidelidad.

¿Pero cómo nos afecta esto a nosotros? El Santo Padre nos dice: "En Belén se manifestó al mundo la Luz que ilumina nuestra vida; se nos reveló el Camino que nos lleva a la plenitud de nuestra humanidad. Si no se reconoce que Dios se hizo hombre, ¿qué sentido tiene festejar la Navidad? La celebración se vacía. Ante todo nosotros, los cristianos, debemos reafirmar con profunda y sentida convicción la verdad del Nacimiento de Cristo para testimoniar delante de todos la conciencia de un don inaudito que es riqueza no sólo para nosotros, sino para todos. De aquí brota el deber de la evangelización, que es precisamente comunicar este eu-angelion, esta "buena nueva"."[13] Nosotros como Cristianos e "hijos de la luz"[14] debemos anunciar esa buena "noticia" al mundo, debemos dejarnos iluminar con su Luz venciendo la tiniebla del pecado en nuestra vida y así poder ser nosotros también luz del mundo.

La Navidad no es entonces simplemente un tiempo "bonito" para dar y recibir regalos. Es verdad que es un tiempo en el que la solidaridad se hace más palpable, pero esa solidaridad queda totalmente vacía si le quitamos su fundamento: el Señor Jesús. Por eso, hoy mas que nunca, cuando vivimos en un mundo cada vez más secularizado en el cual se olvida el verdadero sentido de la Navidad, nosotros los cristianos debemos luchar porque se comprenda cada vez mejor que la Navidad es Jesús. Debemos anunciar con alegría que es en Navidad cuando se recibe el regalo más grande de Dios a la humanidad: su Hijo Unigénito.

III. "... Y EN LA TIERRA PAZ A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD"[15]

Este es el canto de alabanza que el coro de los ángeles proclama una vez se le ha anunciado a los pastores la "gran alegría" del nacimiento del Mesías. ¿Pero qué significa exactamente esa "paz" anunciada por los ángeles? ¿Por qué dicen: "a los hombres de Buena Voluntad"?

Podríamos decir que los "hombres buena voluntad" son aquellos hombres y mujeres que viven en sintonía con el Plan de Dios, aquellos "hombres que ponen su voluntad en la suya, transformándose en hombres de Dios, hombres nuevos en un mundo nuevo."[16] Ellos serán finalmente quienes reciban la paz traída por el Salvador.[17]

¿Qué es exactamente la paz? Esa paz puede entenderse como la RECONCILIACIÓN. A partir del encentro personal con Dios, las demás relaciones fundamentales en las que nos movemos adquieren un sentido recto y pleno; la relación conmigo mismo se hace armoniosa encontrando mi verdadera identidad y misión; mi relación con los demás se despliega en el servicio y donación de sí; y finalmente mi relación con la creación se ve cubierta por el manto de la reverencia.

Sin embargo, podríamos preguntarnos por qué aún hoy, habiendo llegado ya la Luz al mundo, persiste en él la "oscuridad" del pecado y por qué a veces pareciera que reinaran aún las "tinieblas" del mal. La respuesta está en nuestra propia libertad. La Luz habitará solo en aquellos corazones que decidan acogerla.

Pero a pesar de la oscuridad que nos parece ver en el mundo, el Señor ya venció, y su victoria es definitiva e irrevocable. Sin embargo esa victoria debe hacerse vida en cada uno de nosotros, debemos dejar que El "venza" y "reine" en cada uno de nuestros corazones. Precisamente por ello la Navidad es un tiempo privilegiado y especial para renovarnos en el propósito de dejar que el Niño Jesús nazca y crezca en nuestro corazón. En esa misma línea el Santo Padre nos exhorta: "Ahora bien, invocar el don del nacimiento del Salvador prometido significa también comprometerse para preparar el camino, para predisponer una digna morada no sólo en el ambiente en torno a nosotros, sino sobre todo en nuestra alma."[18]

Si queremos que "la luz verdadera que ilumina a todo hombre"[19] siga viniendo a este mundo, dejémosla entrar en nuestro corazón. Callemos al menos unos instantes, contemplemos al Niño que nace en un pesebre y postrémonos ante su Luz. ¡Qué importante es recuperar la capacidad de silencio y de adoración, ante un mundo contaminado por el "ruido" y el cambio acelerado, un mundo que está siendo despojado del contenido sagrado de esta solemnidad!

Iluminados por esa Luz que amaneció sobre el mundo desde el pesebre de Belén, llenémonos de esperanza y de alegría. Al igual que los pastores, escuchemos nuevamente el mensaje del ángel para trasmitirlo a los demás: "No teman porque les traigo una buena noticia, una gran alegría para todo el pueblo: Hoy, en la ciudad de David, les ha nacido un Salvador, que es el Mesías, el Señor"[20]. Pues "El Niño, a quien hace unos dos mil años adoraron los pastores en una cueva en la noche de Belén, no se cansa de visitarnos en la vida cotidiana, mientras como peregrinos nos encaminamos hacia el Reino"[21]. Renovémonos en nuestro esfuerzo por vivir cotidianamente como hijos de Dios e hijos de la Luz llevando esa "Luz" al mundo. Detengámonos por unos instantes ante las representaciones del pesebre, sea en nuestra iglesia o bien en nuestras casas. Imitemos el silencio contemplativo de María: "Mientras tanto, María conservaba estas cosas y las meditaba en su corazón"[22] para nutrirnos del amor de Dios que se hace hombre y poder así transmitirlo al mundo entero.

Que esta navidad el niño Jesús encuentre una "morada" digna en nuestros corazones . Esforcémonos por transmitir la alegría de ese encuentro con todos los que nos rodean.

¡ Feliz Navidad!

CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración

  • Mt 1, 23
  • Lc 2, 1 -20
  • Jn 1, 1 - 5
  • Jn 1, 14
  • Is 9, 1 - 6
  • Ga 4, 4 - 6
  • Is 7, 14

PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO

  1. ¿Qué es la Navidad?
  2. ¿Qué entiendes por "Palabra de Dios"?
  3. ¿Qué significa la expresión de los ángeles: "Gloria a Dios en el cielo y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor"?
  4. ¿Qué crees que puedes hacer para preparar tu corazón para esta Navidad? ¿Qué medios concretos puedes comprometerte a poner?
  5. ¿Cómo crees que puedes llevar la luz de Cristo a otros en esta Navidad?

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[1] Lc 2, 14

[2] Jn 1, 14

[3] Idem

[4] Ga 4, 4 - 5

[5] "El Misterio de la Navidad". Palabras del Santo Padre, Benedicto XVI, en la audiencia del miércoles 19 de diciembre de 2007.

[6] Is 9, 2a

[7] Jn 1, 1

[8] Jn 1, 4 - 5

[9] Lc 2,14

[10] Lc 2, 9

[11] Cfr. Jn 8, 12

[12] Lc 2, 14

[13] "El Misterio de la Navidad". Palabras del Santo Padre, Benedicto XVI, en la audiencia del miércoles 19 de diciembre de 2007.

[14] Cfr. 1 Ts 5, 5

[15] Lc 2, 14

[16] Homilía del Santo Padre, Benedicto XVI, el 24 de Diciembre de 2007.

[17] Cfr. Comentarios de los Evangelios de los Profesores de la Compañía de Jesús, Tomo II, Evangelio según San Lucas 2, 14.

[18] "El Misterio de la Navidad". Palabras del Santo Padre, Benedicto XVI, en la audiencia del miércoles 19 de diciembre de 2007.

[19] Jn 1, 9

[20] Lc 2, 10 - 11

[21] "El Misterio de la Navidad". Palabras del Santo Padre, Benedicto XVI, en la audiencia del miércoles 19 de diciembre de 2007.

[22] Lc 2, 19