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«Nadie da lo que no tiene. Se trata de anunciar a Cristo
en primera persona, esto es, desde la experiencia personal, a la persona del
Señor Jesús. Se trata de dar testimonio del Señor, lo que comporta conocerlo»[1].
Hace poco, en la reciente vigilia de Pentecostés, el sucesor de
Pedro ha renovado el llamado que hace seis años hizo a los movimientos
eclesiales y las nuevas comunidades en la Plaza de San Pedro, cuando en ese
marco de profunda comunión eclesial los diversos delegados del MVC se reunían
en Roma para celebrar su histórica primera asamblea ordinaria. Aquella
inolvidable vigilia de Pentecostés de 1998, recordaba el Papa, fue «una
manifestación extraordinaria de la unidad de la Iglesia, en la riqueza y
variedad de los carismas, que el Espíritu Santo infunde en abundancia».
Inmediatamente añadió: «Repito con fuerza lo que dije en aquella ocasión: los
movimientos eclesiales y las nuevas comunidades son una "respuesta
providencial", "suscitada por el Espíritu Santo" a la necesidad actual de nueva
evangelización, para la que se necesitan "personalidades cristianas maduras" y
"comunidades cristianas vivas"»[2].
NECESIDAD ACTUAL DE NUEVA EVANGELIZACIÓN
Para nadie es secreto que nuestras sociedades de raíces
cristianas sufren hace algunos siglos un agresivo proceso de secularización y
descristianización. Muchos vienen impulsando la construcción de una sociedad
sin Dios, rechazando a Cristo y su mensaje, rechazando también -si no
persiguiendo abierta o encubiertamente- a la Iglesia y sus enseñanzas,
calumniando y agrediendo de múltiples formas a sus hijos e hijas.
Ante esta incisiva campaña, muchos bautizados se han retraído,
tienen miedo e incluso vergüenza de vivir su fe, o han caído también en el
juego de criticar sin conocimiento a la Iglesia a la que pertenecen, a sus
pastores y enseñanzas, en vez de defenderla y apoyarla. También están los que
ante una persistente campaña proselitista vienen abandonando la verdadera fe
para adherirse a diversas sectas o iglesias cristianas que se caracterizan por
su fuerte anticatolicismo. Otros muchos, llamándose católicos, desconocen
totalmente su fe o les es indiferente, prefiriendo vivir día a día como
aquellos que no creen en Dios, acordándose de Él sólo en algunos momentos
significativos de la vida (por ejemplo: nacimientos, matrimonios, etc.) o en
circunstancias difíciles, pidiéndole que los libere del sufrimiento y mal que
les sobreviene. Por todo esto, y por muchas razones más, se hace tan necesaria
una Nueva Evangelización, una evangelización que haga audible nuevamente
el mensaje de Cristo a los hombres y mujeres de hoy.
NECESIDAD DE UN ANUNCIO EFICAZ
¿Cómo anunciar con eficacia al Señor Jesús y su Evangelio en el
mundo de hoy, en el que la fe cristiana sembrada por antiguos apóstoles se va
apagando o diluyendo cada vez más, hasta quedar reducida en el mejor de los
casos a una vida de piedad desligada de toda consecuencia en la vida cotidiana?
Decía el Papa Juan Pablo II que el testimonio que damos del Evangelio resulta a
veces vano «porque presentamos a un Jesús sin toda la fuerza seductora que su
persona ofrece»
[3]. ¿Cómo transmitir al Señor Jesús con toda la fuerza atractiva de su
persona? ¿Cómo ser apóstoles convincentes? El llamado a una nueva
evangelización es ante todo un llamado a cada uno de nosotros a acoger el
Evangelio en nuestra vida y a vivir la coherencia en nuestra vida cristiana.
Seremos apóstoles convincentes sólo en la medida en que llevando al Señor Jesús
muy dentro nos esforcemos en vivir lo que anunciamos.
Un antiquísimo autor sagrado del siglo II se preguntaba también
sobre la causa de que el testimonio de un cristiano sea tan poco convincente:
«¿Por qué razón ultrajan el nombre de Dios?» E inmediatamente ensayaba
esta respuesta: «Porque nuestra conducta no concuerda con lo que nuestros
labios proclaman. Los paganos, en efecto, cuando escuchan de nuestros labios la
palabra de Dios, quedan admirados de su belleza y sublimidad; pero luego, al
contemplar nuestras obras y ver que no concuerdan con nuestras palabras,
empiezan a blasfemar, diciendo que todo es fábula y mentira». Por eso otro
autor cristiano, ya en el cielo, San Ignacio de Antioquia,
exhortaba a los cristianos, cuando él mismo era conducido a ser devorado por
las fieras en el circo romano: «Lo que yo ahora deseo es que lo que enseñan y
mandan a otros lo mantengan con firmeza y lo practiquen en esta ocasión. Lo
único que para mí deben pedir es que tenga fortaleza interior y exterior, para
que no sólo hable, sino que esté también interiormente decidido, a fin de que
sea cristiano no sólo de nombre, sino también de hecho». Y con unas palabras
que tienen enorme actualidad para nosotros concluía: «Lo que necesita el
cristianismo, cuando es odiado por el mundo, no son palabras persuasivas, sino
grandeza de espíritu»[4].
¡Ese es el heroísmo que hoy se necesita para llevar a cabo la Nueva
Evangelización: el heroísmo de la coherencia!
ANUNCIAR AL SEÑOR CON NUESTRA ALEGRÍA
Además de lo dicho hay otras características que debemos tener
en cuenta para un anuncio evangelizador más eficaz en nuestro tiempo. Una de
ellas es la alegría.
Tantos andan profundamente vacíos y tristes en medio de las
innumerables diversiones y momentáneos gozos que ofrece el mundo. Placeres,
poder, riquezas, son en el fondo ilusiones y espejismos que no llenan por
completo el corazón, que no le propiciamos lo que más busca y anhela: la
felicidad y la paz. Cuando un corazón anda sediento de esa felicidad y se da
una sensibilización adecuada y ve un cristiano convencido y feliz, se enciende
en él este deseo: "¡yo quiero esa felicidad para mí! ¡Yo quiero ser como él,
como ella, para yo también irradiar esa felicidad!" Es así como muchos se
acercan al Señor y conocen verdaderamente quién es Él, conocen la alegría y el
gozo que sólo Él es capaz de dar, esa dicha que como un agua viva sacia la sed
más profunda del corazón humano, la sed de infinito.
La alegría cristiana es signo de una personalidad madura. Sí, la
alegría brota de un corazón reconciliado, brota del encuentro con el Señor, del
"sí" que le damos al Plan de Dios, del ejercicio del amor derramado en nuestros
corazones. Como dice el Señor, si a todos amamos como Él nos ha amado, si
permanecemos en su amor, entonces también su alegría estará en nosotros y esa
alegría llegará a su plenitud[5].
La alegría es el mejor signo del encuentro con el Señor y de su presencia en
nosotros[6],
y no hay mejor apóstol que el que irradia ese gozo de llevar al Señor muy
dentro, porque es esa felicidad la que andan buscando los corazones humanos.
CONCLUSIÓN
¡Qué importante es el ejemplo de la propia vida, si queremos que
nuestro anuncio sea eficaz! No olvidemos, pues, que las palabras mueven, pero el
ejemplo arrastra. El testimonio de la vida santa es muchísimo más
eficaz que muchas palabras. ¡El mejor apóstol es el santo! Por tanto, si
hablamos del Señor, los demás deben poder encontrarlo en nosotros. Si hablamos
de la nueva vida que Él nos ha traído, los demás deben poder verla en nosotros.
Si hablamos del Evangelio, los demás deben poder leerlo en cada una de nuestras
actitudes.
¡Y qué importante es también que expresemos la alegría que de
ello brota! Nuestra vida, una vida alegre y llena de esperanza, es el mejor
testimonio, el mejor anuncio, el verdadero canto nuevo: ¡nuestra vida
debe resonar por el mundo entero, todo nuestro ser el que ha de transformarse
en un himno que dando ininterrumpida gloria a Dios lleve a muchos al encuentro
con el Señor!
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Enviados a anunciar el Evangelio al mundo entero: Mc 16,15; Mt
28,18 20. Hemos de hacer lo que el Señor nos dice: Jn 2,5; Mc 16,20.
-
El Señor Jesús promete su Espíritu, fuerza para llevar a cabo
la misión evangelizadora: Jn 15, 26 27; Hch 1, 8.
-
El Espíritu Santo es el protagonista de la evangelización: Hch
2,1-4; 2,18; 4,8ss; 4,31; 9,17; desciende en forma de lenguas de fuego sobre
los apóstoles: Hch 2,3-4; para que encendidos sus corazones y en nombre del
Señor puedan encender otros corazones: Lc 12,49; nosotros somos cooperadores de
Dios y de su Espíritu en esta tarea evangelizadora: 1Cor 3,9; 2Cor 5,18-20;
6,1.
-
Anunciar el Evangelio es un deber que nos incumbe: 1Cor 9,16;
respondiendo al mandato del Señor hemos de procurar "ganar a los que más
podamos": 1Cor 9,19-23; anunciando a Cristo "a tiempo y destiempo": 2Tim 4,2;
con mi vida o con mi muerte: Flp 1,20; en nuestra conducta, haciendo todo para
gloria de Dios y salvación de los demás: 1Cor 10,31-33.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Soy conciente que el Señor Jesús me llama a anunciarlo a los
demás? ¿Cómo estoy respondiendo a este llamado?
-
¿Qué importancia tienen los Movimientos Eclesiales en la
misión apostólica de la Iglesia en el mundo de hoy?
-
¿Qué es la Nueva Evangelización? ¿Cuál es su importancia en la
misión de anunciar al Señor Jesús a todo el mundo?
-
¿Cómo puedo anunciar al Señor Jesús y su Evangelio de una
manera eficaz en el mundo de hoy? ¿Qué cosas concretas puedo hacer?
-
¿Transmito alegría a las demás personas al anunciarles el
Señor Jesús? ¿Comprendo realmente que la alegría es el mejor signo de mi
encuentro personal con el Señor?
-
¿Qué voy hacer para testimoniar el Señor Jesús a los demás de
una forma cada vez más coherente?
[1] Luis
Fernando Figari, Discurso en la Primera Asamblea Plenaria del MVC, Roma,
1998.
[2] S.S.
Juan Pablo II, Homilía en las Vísperas de la de Pentecostés, 29/5/2004,
4.
[3] S.S.
Juan Pablo II, Homilía en la Catedral de Santo Domingo, 26/1/79, 2.
[4] San
Ignacio de Antioquía, Carta a los romanos.
[6] Lc
1, 41-44; Jn 16, 22; Hech 2, 28.
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