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Dios nos llama a ser santos como Él es santo[1].
Lo sabemos bien. Pero también sabemos que no basta conocer la meta señalada, ni
basta escuchar la invitación... ¡hay que desearla con ardor! Pues si no se
tiene un ideal, no se hace nada, y si no se ama el ideal que se tiene,
tampoco se hace nada. Quien no se propone ser santo y quien no anhela
la santidad para sí con ardor, no sólo no avanzará, sino que retrocederá,
alejándose cada vez más del camino que conduce a la verdadera Vida y felicidad
del ser humano. Por otro lado, quien quiere el fin, pone los medios,
reza un dicho. No bastan tampoco los buenos propósitos e intenciones: ¡es
necesario pasar a la acción decidida! ¡Hay que cooperar en todo momento con la
gracia recibida poniendo los medios proporcionados, para que el Señor
vaya obrando en nosotros la anhelada santificación!
DIOS ESPERA NUESTRA COOPERACIÓN
La santidad es ante todo obra de Dios en nosotros. Sin embargo,
Dios ha querido que nuestra santificación sea también en parte obra nuestra. Él
no nos santificará si desde nuestra pequeñez y haciendo un recto uso de nuestra
libertad no prestamos nuestra activa cooperación. Por ello no podemos dejar de
trabajar esforzadamente por nuestra propia santificación[2],
conscientes de que trabajaríamos en vano[3]
si Dios mismo no nos asistiera con su gracia, si no la pedimos con insistencia
y humildad.
En este contexto, las resoluciones tienen una importancia
fundamental para nuestra santificación.
¿QUÉ SON LAS RESOLUCIONES?
Una resolución es lo que uno se propone hacer,
un propósito, una acción concreta que va a realizar en el futuro.
También llamamos "medios concretos" a las resoluciones, medios porque
conducen al fin, que es la santidad.
Al conocer y amar al Señor Jesús brota naturalmente en nuestros
corazones el deseo de asemejarnos a quien es el Modelo de plena humanidad, y al
querer ser como Él me doy cuenta que debo cambiar algunas cosas en mí,
despojarme de pensamientos anti-evangélicos, de criterios mundanos, de afectos
desordenados, de vicios y pecados, para asumir Sus pensamientos, Sus criterios,
Sus sentimientos y "revestirme" de Sus virtudes. De este deseo y confrontación
brotan las resoluciones: "haré esto o lo otro, con el fin de asemejarme
cada vez más al Señor Jesús, en quien creo y a quien tanto amo".
¿CUÁL ES SU IMPORTANCIA?
Las resoluciones firmes, decididas, mueven a la acción.
Es por ellas que avanzamos hacia la meta de la santidad. Si comparamos
la vida cristiana a una carrera, podemos decir que cada resolución que tomamos
y ponemos por obra es un paso que damos. Las resoluciones nos van
acercando a la santidad como los pasos acercan al corredor a la meta. Si nos
faltan las resoluciones, o si dejamos de cumplirlas, somos como un velocista
que mira la meta, la anhela, quiere ganar el premio, pero no da ni un paso, o
sólo da unos cuantos y se detiene... Quien en la carrera de la vida quiere
alcanzar el premio eterno, debe despojarse de todo lastre de pecado[4],
olvidar lo que ha dejado atrás y lanzarse continuamente hacia delante, para
conquistar la meta[5].
No podemos olvidar que no bastan las buenas intenciones si
queremos ser santos. Es insuficiente el deseo de amar al Señor y amar al
prójimo si no se pasa a la acción. «No todo el que me diga: "Señor, Señor",
entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre
celestial»[6],
advierte el Señor. ¿De qué sirve la fe sin obras?, pregunta el apóstol
Santiago[7].
La fe que no se muestra cada vez más en las obras concretas de caridad, en los
necesarios cambios de maneras de pensar y sentir, de conducta, en el progresivo
abandono de los vicios y crecimiento en las virtudes, es una fe falsa, vacía, muerta,
que no conduce a la Vida. Todo lo contrario.
CARACTERÍSTICAS DE LAS RESOLUCIONES
Las resoluciones deben ser realistas. De nada
sirve que me proponga un medio que está destinado a ser incumplido desde que me
lo propongo. Si mis objetivos son demasiado altos e irreales, corro el riesgo
de caer pronto en el desánimo. Debo proponerme medios que pueda cumplir.
Tampoco puedo acostumbrarme a no cumplir los medios que me propongo. Al
contrario, debo ganar el hábito de ser fiel a las resoluciones que el Señor me
inspira en el momento oportuno.
Deben ser eficaces, es decir, deben ser capaces de
lograr el fin que deseo, de producir en mí los cambios necesarios. A un cáncer
no se le combate con aspirinas, sino con una quimioterapia adecuada u
otro medio semejante. A veces tomamos medios que son insuficientes para
abandonar un vicio o para crecer en una virtud. Los medios deben ser
proporcionados al vicio que queremos dejar, o a la virtud que queremos
adquirir.
Deben ser concretas, precisas. De nada
servirá que me proponga medios vagos e imprecisos, resoluciones generales,
como: "ser más caritativo", "amar más a Dios", "vivir mejor"... Debo poder
decir al fin del día, al examinarme: "lo hice" o "no lo hice". Ejemplos de
resoluciones concretas son: "hoy mismo pediré perdón a esta persona que
ofendí", "rezaré a tal hora", etc.
Deben ser inmediatas, es decir, para hoy,
no para la siguiente semana.
LAS RESOLUCIONES Y LA "ORACIÓN MENTAL"[8]
Sabemos que una resolución la podemos tomar en cualquier
momento. Sin embargo, un momento privilegiado para tomar una resolución es en
el ámbito de la oración.
En la "oración mental", luego de considerar la palabra
del Señor en sí misma y luego aplicarla a mi propia realidad,
reflexionando sobre lo que me quiere decir a mí en las circunstancias
concretas de mi vida (fe en la mente), me abro a los afectos que
suscitan en mí esas consideraciones (fe en el corazón): amor, gratitud,
humildad, deseo de santidad, ardor apostólico, compasión, dolor de corazón,
etc. Las consideraciones (reflexión, meditación) y afectos en la
oración tienen la virtud de suscitar y afianzar en nosotros una resolución
(fe en la acción). De este modo, la conclusión natural de la oración es tomar
una resolución con toda la energía y el valor que la gracia puede haber
producido en nuestro espíritu por la meditación. La solidez de nuestras
resoluciones depende de la fuerza de los motivos que las determinan y de la
mayor o menor impresión que los motivos han causado en el corazón.
Las resoluciones las tomo al contrastarme con el Señor
Jesús y con Santa María. Las preguntas esenciales que me acompañan en el
momento de buscar una resolución son: ¿Qué me sobra? Es decir, ¿qué
pensamientos mundanos, sentimientos malos, actitudes pecaminosas tengo yo, que
ellos no tienen? Y ¿qué me falta? Es decir, ¿qué pensamientos,
sentimientos y virtudes tienen Jesús y María, que yo no tengo? De lo que me
sobra me propongo despojarme, de lo que me falta me propongo revestirme. A eso
apuntan las resoluciones, que una vez tomadas he de procurar practicar con
fidelidad, buscando en la gracia del Señor el apoyo y la fuerza necesaria
ALGUNAS RECOMENDACIONES PRÁCTICAS
Cuando reces todos los días -porque todos los días conviene que
reces- no es necesario, a veces ni siquiera es conveniente, que cambies de
resolución cada día. De acuerdo con la importancia de la resolución que uno
cree debe adoptar para avanzar en el camino de la santidad y fidelidad al Plan
de Dios, muchas veces lo más conveniente será no tomar otras resoluciones sino
renovar la misma, hasta llegar a cumplirla perfectamente, hasta que se haga un
hábito suficientemente fuerte para que puedas pasar a tomar otra resolución.
Cuando se trata de tomar resoluciones importantes o difíciles,
es bueno pensar en el valor de nuestro Señor en las grandes resoluciones que ha
tomado y ejecutado para gloria de su Padre. Nada pudo apartarle de la
determinación de asumir la Cruz. Se sobrepuso a todas las dificultades que se
presentaron, los temores y angustias que experimentó no quebrantaron su
constancia, y aunque tuvo que sufrir enormemente, no consintió en suspender ni
por un momento la ejecución de lo que había resuelto. ¡Qué ejemplo para
nosotros!
No debemos menospreciar los medios pequeños, humildes y
sencillos. La fidelidad se construye no tanto poniendo medios "heroicos" (que
llegado el momento son necesarios), sino en la perseverancia diaria de los
medios sencillos.
No debo proponerme muchos medios o tomar muchas resoluciones a
la vez, sino sólo uno o dos a lo más.
LA NECESARIA RENOVACIÓN DE RESOLUCIONES
Muchos son los obstáculos que encontramos para la perseverancia
en nuestras resoluciones: la dejadez, la desidia, el cansancio, la flojera, el
olvido, el consentimiento en la tentación, la fragilidad ante las seducciones
del mundo, la fuerza del mal hábito o del vicio que continuamente nos hace la
guerra, el desaliento, la pérdida del entusiasmo inicial o fuerza interior que
percibíamos luego de un retiro o de una oración intensa... ¡Cuántas cosas
parecen conspirar contra nuestra perseverancia!
Cuando bajo mil pretextos aparezca la sugestión que te invita a
abandonar la resolución que has tomado, aunque sea "sólo por esta vez",
recházala de inmediato y persevera con mayor firmeza en tu resolución,
buscando en el Señor la fuerza que no encontrarás en ti mismo. Y en la oración,
renueva continuamente tus resoluciones, pidiéndole al Señor que te conceda la
gracia de la perseverancia en los mismos. Sí, para que los medios sea eficaces,
debemos renovarlos con la constancia necesaria, para que se afiancen en
nosotros y se vuelvan hábitos de virtud.
CITAS PARA MEDITAR
Guía para la Oración
-
Nuestra vocación y nuestra meta es la santidad: Lev 11,44-45;
19,2; 20,7.26; Mt 5,48; 1Cor 1,2; 1Tes 4,3; 1Pe 1,15-16
-
Es Dios quien nos santifica: Lev 20,8; Heb 2,11. Sin Él nada
podemos: Sal 127,1; Jn 15,4-5.
-
Pero también nos llama a cooperar en la obra de nuestra propia
santificación: Flp 2,12.
-
Las obras concretas son necesarias para la salvación: Mt 7,21;
Lc 6,46; Stgo 2,14ss.
-
El encuentro con el Señor lleva al cambio de vida, a proponer
resoluciones concretas: Lc 19,8; Jn 5,14; 8,11; 21,15; Otros ejemplos de
resoluciones concretas: Lc 3,10-14.
PREGUNTAS PARA EL DIÁLOGO
-
¿Es la santidad tu ideal de vida?
-
¿Eres conciente de la importancia de tu cooperaración con la
gracia? ¿Cómo sueles cooperar?
-
¿Qué son las resoluciones? ¿Sueles tomarlas?
-
¿Cuál es la importancia de las resoluciones?
-
Revisa las características de las resoluciones.Tus
resoluciones personales, ¿tienen estas características?
-
¿Qué te enseñan el Señor Jesús y Santa María sobre la toma de
las resoluciones?
-
¿Porqué es necesario renovar nuestras resoluciones?
[1] Ver
Lev 11,44-45; 19,2; 20,7.26; Mt 5,48; 1Cor 1,2; 1Tes 4,3;
1Pe 1,15-16.
[8] Ver
el método propuesto en Camino hacia Dios, textos para meditar, Vida y
Espiritualidad, Lima 1997, Tomo I, pp. 165-167 (ó Tomo II, pp. 151-153).
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